top of page
  • Javier Valera

70SSIFF: Festival de San Sebastián (I crónica)

Actualizado: 20 sept 2022


La 70 edición del Festival de Cine de San Sebastián no podía empezar mejor. Modelo 77, la nueva película de Alberto Rodríguez, se proyectó, fuera de concurso dentro de la Sección Oficial, ayer a las 9 de la mañana en el Kursaal y terminó con la sala aplaudiendo con ganas a una de las mejores películas españolas, incluso me atrevería a decir que es la mejor, del año: por ser un reflejo, sin renunciar a su clara ambición de filme comercial, de cómo la transición a la democracia española está repleta de grises, y negros. Con Miguel Herrán, en su mejor interpretación hasta la fecha, y Javier Gutiérrez, entre otros, Alberto Rodríguez se centra en los hechos que ocurrieron tras el fin de la dictadura dentro de las cárceles: la toma de conciencia de los propios presos para exigir derechos, la amnistía que jamás llegó, la lucha por un cambio real que acabara con el mal del franquismo que aún pervivía dentro de las instituciones y por todos sitios. La película se posiciona y es uno de sus aciertos: no blanquea lo que ocurrió, se nota que hay detrás una labor de documentación impresionante para dar valor y dignidad a la historia de tantas y tantas personas, encarceladas, que lucharon por su libertad dentro de una España negra, una España que, como dicen en la película, era “para los hijos de los dueños”. Impresionante, imprescindible.





Después de una historia que trata con respeto, y no con miserabilismo, unos hechos reales, nos vamos a una vergüenza descomunal. El trabajo de Juan Diego Botto, su debut en la dirección, lleva el nombre de En los márgenes y puede que el único acierto de la película sea su título. Es el ejemplo perfecto de una película que encantará a los ricos y enfadará a la gente con verdadera conciencia de clase obrera, trabajadora y luchadora. A Juan Diego Botto parece que solo le interesa reflejar, en su filme nefasto, lo más oscuro y miserable que le puede ocurrir a una serie de personas que van a ser desahuciadas. Con Penélope Cruz (y su peluca imposible) de protagonista, que es un evidente error de casting pero es una de las productoras del filme, y Luis Tosar, en una especie de héroe rico que se siente bien ayudando a los pobres, la película no hay por donde cogerla: por momentos es un despliegue de acción sin sentido, otras veces es una historia trágica familiar de un hijo que no se quiere reencontrar con la madre, por otros momentos se cree documental serio y riguroso e incluye dos escenas de asambleas-organizaciones que luchan contra los desahucios. Podría estar todo bien pero no lo está; ya el final es el colmo de la desvergüenza. El director no le da ningún tipo de personalidad o recorrido a los personajes: solo sufren, porque en su situación solo merecen sufrir, no pueden reír, no pueden tener un instante de paz, de calma; y para enfatizar esta tortura incluye un piano, una música asquerosa y efectista para asegurar el llanto de algunos espectadores y la rabia de otros en los que me incluyo. Mala





Un año, una noche, lo nuevo de Isaki Lacuesta, dentro de la sección Perlak, es un filme un tanto irregular que por culpa de un montaje algo desconcertante no llega a ser un buen largometraje. La propuesta es interesantísima: cómo unos hechos traumáticos afectan, de una forma distinta, a una pareja y cómo tienen que luchar por superar el dolor. El problema está en que la película parece estar más pendiente de ser una mezcla constante de imágenes del pasado de los protagonistas que de contar bien una historia. Los protagonistas son convincentes y tienen escenas realmente estupendas pero algo falla y no queda del todo claro qué les ocurre en ciertas situaciones. También fue divertido ver que en el pase, durante unos veinte minutos, se fueron los subtítulos. Personalmente, me esperaba mucho más de la película pero tampoco me atrevería a decir que es algo decepcionante, simplemente no me ha marcado.


Girasoles silvestres, la nueva película de Jaime Rosales, es una verdadera maravilla. Se trata del recorrido vital y amoroso de una chica, que no sabe muy bien hacía donde va su vida (como le ocurre a toda una generación de jóvenes), y sus dos hijos. La protagonista es Anna Castillo, que desprende una autenticidad y una naturalidad muy sorprendente, y su personaje se enfrenta a situaciones muy desagradables: una relación con un maltratador psicológico y físico a la que ella sabe poner fin, un reencuentro afectivo-sexual con el padre de sus dos hijos y una oportunidad con un amigo de la infancia. Tres hombres, tres situaciones muy diferentes en las que ella va decidiendo siempre qué quiere, qué no quiere, qué tiene que decir y hacer, es un personaje muy fuerte, o esa es la sensación, y escuchando a Anna Castillo durante la rueda de prensa es evidente que le ha dado una dignidad al personaje, una verdad; al igual que le ocurre a Carolina Yuste con el personaje secundario que realiza. La película tiene momentos muy duros, realmente angustiosos, pero está lleno también de situaciones muy bonitas donde es fácil que caiga alguna lágrima. El filme emociona y otro aspecto que destacaría es como el final no es feliz, es bastante agridulce: la protagonista decide quedarse en una situación por, quizá, un conformismo y eso también es muy real, la sensación de necesitar estar con alguien por estar, la necesidad de aceptación y compañía aunque no complete, aunque no llene del todo.





No te preocupes, querida la nueva película de Olivia Wilde es una chorrada comercial, algo muy olvidable, que puede que llegue a funcionar. Mas allá de que los protagonistas son guapísimos, y eso se aprovecha muchísimo, la historia es aburrida, se ha contado ya en muchas películas aunque sí hay un toque feminista interesante. Creo que es más curiosa toda la polémica que rodea al rodaje del filme y a la relación entre los actores, y directora, que a la trama de la película en sí. No se recordará mucho. No es buena, no pasa nada, hay que ver de todo un poco en los festivales.



bottom of page