• Marcela Fernández Fong

Dejar entrar el sol



Es posible que al encontrarnos con esta película nos vengan a la mente unos versos de una canción, de No soy de aquí ni soy de allá, compuesta por Facundo Cabral, y cuyas palabras yo recuerdo siempre con la voz de Chavela Vargas: Me gusta el sol y la mujer cuando llora / las golondrinas y las malas señoras / abrir balcones y abrir las ventanas / y las muchachas en abril. Tanto en la letra de Facundo Cabral como en la versión de Chavela vemos esta misma idea de no pertenecer a ningún lugar, de una identidad individual, del desapego por algo ajeno a aquello que se siente y de cada minuto por separado. Y es esto mismo lo que relaciono con la primera película de Milagros Mumenthaler, Abrir puertas y ventanas (2011).

Marina, Sofía y Violeta son tres hermanas que se adentran en una vida independiente —o, también, una vida de soledad— tras la muerte de su abuela; sin embargo, no es necesariamente una historia del duelo sino una historia sobre las diferentes formas de empezar de nuevo. Al quedarse sola cada una de ellas con la única compañía de sus hermanas, las protagonistas van tomando ciertos rumbos individuales que se entrecruzan y se separan de diferentes formas y con diferentes intensidades a lo largo de 95 minutos. Como la canción, esta película se remonta a la infancia, con una delicadeza y un tono nostálgico que es imposible ignorar. Los momentos que las tres hermanas comparten, con sus pequeños detalles costumbristas como ver la telenovela tumbadas después de comer, con las ventanas cerradas para que no caliente el sol y el ventilador fijo de cara a ellas; como las peleas por quién coge el teléfono —o quién lo usa más tiempo—; o la comunicación sin palabras de haber compartido la infancia y los recuerdos de una misma canción, todos estos momentos hacen al espectador partícipe de esta complicidad, de esta intimidad y de los lazos que las unen, ya estén más o menos tensos.



A Abrir puertas y ventanas (2011) la vemos muchas veces comparada con La Ciénaga (2001) de Lucrecia Martel, precisamente por este retrato de la cotidianidad y del núcleo familiar. Ambas historias están contadas a través de una lente extremadamente sensorial, prestando atención a cada detalle de una atmósfera tan frágil, a cada detalle del cuerpo: la forma en que Violeta rebusca en los cajones a escondidas o descansa en el antiguo colchón de su abuela, con ese balanceo tan presente durante la película, equivale a las escenas en que diferentes personajes de La Ciénaga comparten cama, siempre partícipes de silencios compartidos. «El cuerpo enmarcado por cuadros de naturaleza», como se refiere la profesora argentina María Fernanda Alarcón en su ensayo sobre el film de Lucrecia Martel. Las gotas de sudor de los cuerpos aletargados que se rozan, el cansancio y el calor del verano, los diferentes momentos de baile, de cuidados o de caricias entre personajes, todo partes de un halo de fragilidad y sensualidad, el elemento narrativo conector de cada escena, la clave de una tensión palpable en producciones cuyo ritmo parece no estar contando una gran historia.


Como algo extra, podríamos remarcar un par de producciones de la mano de mujeres españolas y latinoamericanas con una carga emotiva y sensorial bastante similar y, sobre todo, con una atmósfera igual de envolvente que las dos ya mencionadas: Suc de síndria (2019), un corto de Irene Moray sobre la libre sexualidad femenina, con el mismo interés por la sensualidad y la atención al cuerpo o, por otra parte, El último verano de La Boyita (2009) de Julia Solomonoff, Estiu 1993 (2017) de Clara Simón o La idea de un lago (2016) de la misma Mumenthaler, retratos de la infancia en diferentes circunstancias y el peso de las relaciones y los cuidados entre familia o amigos.


Abrir puertas y ventanas, su mismo título lo indica, es una especie de canto a dejar entrar el sol tras el duelo, despertar del letargo y disfrutar del calor.


[...]No tengo edad, ni porvenir

Y ser feliz es mi color

De identidad[...]


No soy de aquí, ni soy de allá

Facundo Cabral


La luz contra la pantalla

Revista Luciérnaga   Cine, Series y más.

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