• Revista Luciérnaga

Antes todo esto era Fox



Quizá llegue el día en el que recorramos el horizonte con la mirada y solo veamos la silueta de las orejas de Mickey Mouse. O, al menos, que vayamos al cine (o estemos cómodamente sentados en el sofá) y nos cueste encontrar una sola película que no esté producida, distribuida o manoseada por The Walt Disney Company.


Porque el gigante no hace prisioneros, y sigue la máxima de evitar la competencia absorbiendo directamente a sus rivales. Con dinero todo se puede, y de eso Disney tiene para aburrir. ¿Que Pixar (ese hijo díscolo) está haciendo las mejores películas de animación de la historia? Compramos Pixar y lo devolvemos al redil. ¿Que se intuye un boom de las franquicias de superhéroes a finales de la pasada década? Compramos Marvel y explotamos el filón de los superpoderes en un crescendo que culmina (de momento) con Avengers: Endgame. ¿Que hay que resucitar al fandom de La guerra de las galaxias, alicaído tras el fracaso de la segunda (o primera) trilogía de principios de los 2000? Compramos Star Wars y hacemos más grande la papada de George Lucas. Con Hollywood en crisis (de ideas), hay barra libre para quien entra partiendo la pana.


La última "víctima" de todo esto ha sido 21st Century Fox. Ya a finales de 2017 se anunciaba el inminente proceso de absorción de Disney de la compañía del logo de las letras alumbradas con focos y fanfarrias. Y este proceso se ha culminado este mismo 20 de marzo, gracias al desembolso de 71.4 billones de dólares. Repetimos, 71.400 millones de dólares en nuestra nomenclatura. O lo que es lo mismo, 62.703 millones de euros. Lo pongas como lo pongas, en negrita o en cursiva, es un pastizal.


Pero, ¿cuáles son las consecuencias de esta compra? A largo plazo, las opciones para Disney son casi infinitas. De una tacada, tiene en sus manos la posibilidad de retomar franquicias con potencialidad para ser un éxito. De todas ellas, sin duda la más golosa es la de los X-Men, por lo que supone incluir a los mutantes en el Marvel Cinematic Universe en la inminente Fase 4 y saturar el mercado con más crossovers que en toda la carrera de Allen Iverson. Pero no solo eso, porque también aparece en el catálogo el personaje de Deadpool, que con sus dos apariciones encarnado por Ryan Reynolds ha cosechado un éxito importante, ofreciendo una alternativa desenfadada y lenguaraz a la gravedad de los acontecimientos narrados en el MCU.


Y puestos a resucitar, ¿qué podría hacer Disney con la franquicia de Los 4 Fantásticos? Las películas de 2005 y 2007 fueron un fracaso, y el reboot de 2015 fue tan infumable que tuvo la capacidad de cortar de raíz la prometedora progresión de Miles Teller (que venía de dejar a todo el mundo boquiabierto con Whiplash). Era tan mala, pero tanto, que llegaba a doler. Al menos, Josh Trank se lo tomó con humor como demostró hace unos días con este tuit.




Pero hay mucho más. Con este acuerdo, Disney ya tiene los derechos completos de distribución del Star Wars original de 1977, y no quepa duda que sabrá utilizarlos de cara a la promoción del Episodio IX que se estrenará estas próximas Navidades. Hagan hueco en sus estanterías para la avalancha de merchandising que se aproxima. Y sigue la cuenta, porque pasan al zurrón de Disney las películas de Avatar y sus cuatro secuelas que James Cameron lleva grabando más de una década y que siguen sin fecha de estreno. Y también la franquicia de El planeta de los simios. Y la de Alien. Y la de Predator. Y Jungla de cristal. Y Kingsman. Y Noche en el museo. Y hasta Ice Age. Y no solo de la gran pantalla vive Mickey, porque a partir de ahora también son suyas This is Us, Modern Family, Padre de familia y hasta Los Simpsons. Solo le falta Saber y Ganar y que Jordi Hurtado sustituya a Stan Lee en los cameos. Al tiempo.

La luz contra la pantalla

Revista Luciérnaga   Cine, Series y más.