• Jaime Estrela

Problemas internos



Rodrigo Sorogoyen ha sido el primer director que ha conseguido que una serie se coloque entre la sección oficial del Festival de San Sebastián, aunque sea fuera de concurso. Aun así, no era la primera vez que este director presentaba proyectos en la sección más importante del certamen, ya lo hizo con Que Dios nos perdone (2016) y El reino (2018). Es con esta última con la que guarda más relación la serie Antidisturbios (2020).


La serie, producida por Movistar+, nos presenta dos tramas narrativas claramente diferenciadas que acabarán convergiendo y que comparten casi el mismo protagonismo. Por un lado, tenemos un grupo de policías nacionales de la UIP (comúnmente conocida como unidad antidisturbios) que durante una intervención se ven involucrados en un accidente. Y por otra parte, seguimos a Laia (Vicky Luengo), una agente de asuntos internos que intenta descifrar las claves del origen del incidente.


A través de esta premisa, Sorogoyen consigue lucirse en secuencias de acción espectaculares cargadas de tensión y emoción mediante las diversas situaciones de disturbios que se viven en la serie. Y a su vez, remite al tema de la corrupción de El reino pero desde una perspectiva externa, diferente a la que vimos en la película. De este modo, consigue integrar en su serie la acción policial europea al estilo Los Miserables (Les misérables, Ladj Ly, 2019) y los temas recurrentes en su filmografía, como la masculinidad tóxica y la corrupción.


El ritmo de la serie es algo vertiginoso, no solo por su contenido de acción, sino porque involucrarse con unos personajes tan ambivalentes como los que proponen Sorogoyen e Isabel Peña, guionistas de la serie, supone ir subido en un tren a punto de descarrilar en todo momento. Es fácil empatizar con ellos desde el exterior, siendo consciente del rechazo que producen en muchos momentos de la serie. No obstante, no es difícil no entender sus motivaciones a pesar de que el espectador no las comparta.


Antidisturbios muestra, desde una visión única como la de Sorogoyen, que los auténticos disturbios que hay que combatir se encuentran en el interior de sus personajes y en el sistema político.

La luz contra la pantalla

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