• Julian Gondra

Están entre nosotros


Entré a los cines Príncipe del Festival de San Sebastián sin tener ni idea de lo que iba a presenciar. Había hablado con compañeros del sector sobre lo complicado que fue el rodaje de la película, sobre anécdotas que ocurrieron fuera y dentro del set, pero no sabía cuál era el argumento de la película ni por dónde iban a ir los tiros. Siempre he tenido claro que Sorogoyen es una apuesta segura, y por eso mismo supongo que me dejé llevar y entré a la sala sin informarme mucho sobre qué iba a ver. Y, una vez finalizada la proyección, no pude estar más feliz de no haber indagado más. Menuda grata sorpresa.


Dos horas y veinte minutos de película en las que no aparté ni un segundo la mirada de la pantalla (como siempre debería ser, todo hay que decirlo), en las que la tensión y la inquietud que me provocaban las interpretaciones, los silencios, la música, las imágenes... hacían que ni me pudiese cambiar de posición en la butaca, y mira que me suelo mover en el cine. No quiero dar muchos detalles sobre la historia porque creo firmemente que es mejor que la gente se deje llevar sin tener excesivos datos, pero pocas veces antes había visto una visión tan cruda y tan dura de lo que es el mundo rural. Y los choques y las diferencias entre gente que siempre ha vivido en el campo (y que ha salido poco o nada de ahí) y la gente que, por así decirlo, es primeriza en este tipo de forma de vivir. Desde luego, dan ganas de no hacer turismo en Galicia nunca más.


Lo que más me sorprendió cuando terminó la película fue enterarme de que la historia estaba inspirada en un hecho real, lo que hizo que se me pusieran automáticamente los vellos de punta. A veces la realidad supera con creces a la ficción, y dan verdaderos escalofríos al pensar en qué mundo vivimos.


En cuanto a las interpretaciones, me quedo sin duda con Luis Zahera, en un papel de líder de la manada al que no se le puede contradecir ni llevar la contraria, un papel de bully de colegio llevado al contexto de la Galicia rural. De nuevo, los pelos de punta. Espero que al pobre le den próximamente más papeles simpáticos o incluso fácilmente digeribles, porque menuda racha lleva. En cuanto a los demás actores, exceptuando a Marina Foïs que también está estupenda, lo hacen correctamente pero tampoco destacan demasiado.


También me recordó mucho a la película Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960), y esto igual es cosa totalmente mía, el cambio de protagonista hacia la mitad del metraje de la película. Al igual que pasa en ambos films, vamos siguiendo la historia de un protagonista creyendo que va a ser el centro total de la historia hasta que llegue el desenlace, y es más o menos hacia la mitad cuando empezamos a seguir a otro protagonista, que se convierte en el verdadero personaje principal de lo que estamos presenciando. Todo ese giro que tampoco me esperaba hizo que me gustara la película aún más.


Para mí, junto con El reino (2018), estamos ante la mejor película de Rodrigo Sorogoyen. Hay gente que ha podido compararla con O que arde (Oliver Laxe, 2019), pero para mí ésta la supera con creces. Fui a ver la película con mi madre y con una amiga, y echaba mucho de menos la sensación de levantarnos de la butaca y permanecer unos segundos en silencio hasta salir a plena calle, para digerir la historia, los personajes y crudeza de lo que habíamos visto. Pero también os digo, que yo tengo un pueblo en el campo y estas cosas no pasan todos los días, así que si queréis subir a cualquier pequeña aldea del norte a hacer turismo, no tengáis ningún miedo. Eso sí, si veis a Luis Zahera cambiad de acera.