• Pablo Alberola

Blame It on the Boogie

Actualizado: sep 1



“Quiero hacer una película porno en la que la historia les absorba del todo y que, cuando hayan eyaculado todos sus placenteros fluidos, tengan que quedarse sentados hasta que les descubran de que forma acaba”. Ese era el sueño de Jack Horner, un famoso director de películas X al que da vida Burt Reynolds, y que, de una manera menos explicita, acaba cumpliendo Paul Thomas Anderson con su segundo largometraje.


Boogie Nights (1997) se presenta como una película tremendamente sexual y sensual en sus primeros instantes y que acaba convirtiéndose en un autentico drama humano sobre el sueño americano y sus mentiras. Es rápida, inteligente e intensa. P.T. Anderson utiliza la industria del porno de los 70 y 80 para dirigir una historia sobre los excesos, la fama, la evolución tecnológica y la complejidad humana de un sector completamente deshumanizado.


La vida y el miembro del personaje de Mark Wahlberg, Dirk Diggler, sirve como hilo conductor para unir a todo un amplio arco de personajes tremendamente complejos escondidos detrás de esa fachada que cubre sus carencias y defectos, una estructura narrativa que más tarde reutilizaría el mismo director en Magnolia (1999). El ascenso del joven camarero Eddy hasta la superestrella del cine porno Dirk Diggler es el “calentón” que sirve a Anderson para que disfrutemos de todo un espectáculo de luces de neón, música disco y sexo, que una vez terminado, hace imposible que abandonemos una historia con cada vez más sombras. La película con la que soñaba Horner.


Paul Thomas Anderson hecha una mirada nostálgica hacia una industria que pasó de las manos de artistas y trabajadores del celuloide hasta las manos de amateurs y el abandono de las salas de cine por las cintas de vídeo. Se adentra sin juzgar y sin caer en prejuicios en las complejidades de un mundo sórdido repleto de envidias, dinero y pasión por su trabajo. La adicción a las drogas y la arrogancia son el punto de partida que escalan la película hacia un nivel más elevado.


Sin perder el ritmo y la intensidad inicial, el tratamiento del film evoluciona desde una realidad fantasiosa del éxito hacia una realidad tétrica y oscura de unos personajes en caída libre por sus actos y los prejuicios de una sociedad moralmente hipócrita. Todo un relato melancólico sobre un mundo de espejismos de unos años 70 recubiertos de mentiras, cocaína y glamour en el que era mucho más fácil hacerle caso a The Jackson 5 y echarle la culpa al boogie.

La luz contra la pantalla

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