• Mar Gimeno

¿Cómo hemos llegado a esto? (The Handmaid's Tale, 2017)



Efectivamente, el título de esta entrada es lo que debe de plantearse durante toda la serie la protagonista de 'El cuento de la criada'. Ella es Offred, o June para los amigos (literalmente). Y el cuento de la criada es el cuento de su vida; de su vida de 'criada' en un mundo de locos. En Gilead.


Gilead es la gran distopía de la que cualquier mujer huiría. Solamente existen cuatro roles para ellas, y siendo afortunada (en el mejor mejorísimo de los casos) serías esposa. Pero solamente eso, 'esposa de', sin más. No tendrías derecho a nada más que no sea el apellido del marido al que sirves. Así que situándonos en lo peor, te puede tocar ser la criada. Que por no tener, ni serías dueña de tu cuerpo. Como Offred. Eso significa que tu lugar en ese mundo es ser como un vientre de alquiler constante. Pero sin la parte de alquiler. Y añadiendo que te violen, por lo menos, una vez al mes para concebir un hijo. Luego están las Marthas, que se dedican a cocinar y limpiar, o las tías que son las maestras de moral y comadronas de las criadas. Así de maravillosa es la vida de todas estas mujeres, desproveídas absolutamente de derechos y libertad.


Viven en un mundo de y para hombres (blancos y hetero).


Obviamente es algo insostenible, pero se mantiene. Por la cultura del miedo. En el momento haces algo que al gobierno no le gusta a lo bueno acabas fusilado enseguida; a lo malo te mandan a las llamadas colonias para que trabajes hasta morir lenta y dolorosamente. Porque Gilead es eso, una dictadura de manual, teócrata, que se mantiene en el poder de igual forma que ascendió a él: gracias al terror. Hipócritas en el mando que pregonan una religión y modo de vida que luego incumplen (demostrado cuando Fred lleva a Offred al local prohibido y clandestino de alterne, lleno de altos cargos).


Pues, en este ambiente tan hostil, lo que brilla es la actuación de Elisabeth Moss retratando a una Offred hastiada, hecha mil pedazos de su propia vida que intenta reconstruir contando su historia. Un cuento de hartazgo, pero a su vez de lucha por recuperar esos retazos. La serie va dando saltos en el tiempo para mostrarnos a la June de antes y a Offred durante. Es un personaje contradictorio que juega con el conformismo en esa sociedad, y que poco a poco va a querer escapar. Pero no sin dejar de recuperar a su hija, Hannah, también robada por los teócratas. Lo que mueve al personaje es esta niña, el deseo de volver a verla y salvarla es lo único que la mantiene alejada del suicidio (aunque no se le haya pasado por la cabeza ni lo haya intentado). También la historia de amor con el misterioso chófer Nick (Max Minghella). Un romance quizá innecesario porque veo que ella es lo suficientemente fuerte como para solucionar sus problemas y no necesita un príncipe azul. Pero trascendental para la historia porque 'la salva' en un primer momento gracias a dejarla embarazada (después de violarla obligado por su señora), y que al final acaba jugándose la vida para sacarla de ese infierno en el apoteósico último capítulo de la segunda temporada.


La otra gran protagonista, y de asombrosa actuación por parte de Yvonne Strahovski, es Serena Joy Waterford. Ella es la esposa. Esa que tiene suerte por estar casada con alguien. Esa que antes era una mujer empoderada, pero que irónicamente sienta las bases de lo que va a ser su prisión. Pero porque cree que eso es lo correcto. O al menos lo pensaba al inicio de la serie, puesto que su personaje es el que evoluciona de la forma más drástica. Es el más complejo sin lugar a dudas. Difícil de entender porque cuando crees que le sigues el hilo, te sorprende haciendo lo contrario. Vive resentida consigo misma por haber pensado que en esa vida iba a ser feliz. Por haber pensado que de esa forma podía cambiar el mundo. «¡Qué equivocada estaba!» se debe lamentar a todas horas. Hasta que al final también revienta y se atreve a leer un libro -ojo, la Biblia. Delante de hombres. Qué osada! Y entiende que no quiere que su, digamos, hija viva en Gilead.


Y recae aquí la gran maravilla de este relato. Cuenta la historia de ellas. Se centra en los personajes femeninos. Subordinadas y prisioneras. Madres e hijas que viven en la mayor de las distopías. Eso sí, de algo que nosotras o bien en la realidad ya hemos escapado, o algunas siguen encerradas. Así pues lo ha comentado la escritora de la novela en que se basa esta serie, Margaret Atwood, que tomó inspiración en ciertas sociedades y el rol que la mujer cumple en estas.


Bajo también una cuidada estética austera, nos acercamos a ese mundo fanático que hasta en el vestuario diferencia los estratos sociales. Todos los detalles, tanto internos como externos a relato, están en perfecta sintonia. Desde los libros de la estantería del despacho de Fred Waterford o las flores del jardín, hasta la música y el montaje (¿hay alguien que no llorara con la escena de la 'despedida' y el My life de Iris Dement?).


Combinando pues todos estos elementos se entiende que haya ganado como Mejor Serie Dramática en los Emmy 2017 y también Mejor Serie en los Globos de Oro de 2018. Ahora toca esperar a la ya anunciada tercera temporada que saldrá en España por la plataforma HBO el 5 de junio. Praised be!



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