• Héctor Gómez

Caos, Catedrales y Caracolas

Actualizado: may 27


Imaginemos, y no descartemos que esto sea posible en un futuro no muy lejano, que existiera un algoritmo que creara automáticamente una serie mediante la combinación de elementos característicos de algunos productos audiovisuales previos. Y, puestos a imaginar, pensemos que en ese cóctel añadimos un poco del surrealismo siniestro de David Lynch, un algo de la animación tétrica de Jan Svankmajer, una pizca (¿y por qué no?) del colorido juguetón y preciosista de Wes Anderson, un toque del humor iconoclasta de los Monty Python y, para finalizar, una esferificación del espíritu contracultural del pulp y la cultura trash. Todo ello agitado, y también mezclado, y maridado con un traguito de ayahuasca para que se deslice mejor garganta abajo.


Pues bien, esta mezcla (o, como diría Charlie Sheen, "un desayuno suavecito") se queda corta ante lo que propone The Shivering Truth (2018-?), la serie creada por Vernon Chatman para Adult Swim, la versión gamberra, adulta y trasnochada del canal infantil Cartoon Network. De nada sirve, ni siquiera, estar familiarizado con la trayectoria de Chatman (guionista de South Park y creador de productos tan inclasificables como Wonder Showzen (2005-06), Xavier: Renegade Angel (2007-09) o The Heart, She Holler (2011-14), entre otros), porque The Shivering Truth es algo así como su quinta sinfonía, un Flying Circus de lo abyecto en el que tiene cabida cualquier digresión, por inconcebible que pudiera parecer.


Resulta sorprendente, y valga la redundancia, que algo sorprenda en estos días. Pero toparse con una serie como esta, que en solo siete capítulos y setenta minutos totales despliega un arsenal infinito de recursos que navegan entre lo grotesco, lo kitsch y lo genuinamente mágico, es toda una experiencia que merece la pena probar. The Shivering Truth lleva al extremo el flujo de pensamiento que habría tenido Kafka si se hubiera tomado el contenido de los bolsillos de Hunter S. Thompson, un desfase onírico en el que la animación permite llevar a cabo las ideas más bizarras y desagradables pero también sorprendentemente libres y frescas, incluso no exentas de un humor malsano. Chatman articula la serie en torno a cierta tendencia hacia la parábola social, convirtiendo nuestros esquemas de comportamiento en aberraciones que harían las delicias del Cronenberg más desatado. Elucubraciones al límite, como la que relaciona el efecto mariposa con una rivalidad milenaria entre estos insectos y el pueblo balinés, o la mera presencia y desarrollo de un concepto como la "constamuerte", son apenas dos ejemplos al azar del catálogo que ofrece The Shivering Truth, un viaje lisérgico hacia lo más recóndito de la psique humana, a los monstruos que alberga nuestra sociedad. Una serie imposible de disfrutar, que se ve con el corazón en un puño, sudor frío y absoluto desconcierto. Pero que, al mismo tiempo, ofrece un inusitado placer ante el estímulo de no tener ni repajolera idea de lo que pasará en el siguiente fotograma.




La luz contra la pantalla

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