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  • Julian Gondra

Cercanías que se cierran


Tengo que admitir que quizá vi la película en un momento diferente al que debería haberla visto. Salí del cine poco reflexivo, incluso me atrevería a decir que un poco decepcionado. Tenía ciertas expectativas por cosas que me habían comentado acerca de ella y tuve la sensación de que no se habían cumplido. No ha sido hasta pocos días más tarde, tras ir acordándome de ella poco a poco, ir digiriendo algunas escenas y reparar en ciertos detalles que se me habían pasado por alto, cuando he empezado a pensar que quizá pusiese algún tipo de barrera entre mi imaginario y la pantalla y que quizá estuviera ante una película mucho más interesante de lo que creía.


Close (Lukas Dhont, 2022) llegó a las salas de cine españolas el pasado 25 de noviembre, tras haber sido ganadora del Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes y tras haber sido profundamente aclamada en otros diferentes festivales de cine, como el Festival de Sevilla (donde también recibió el Gran Premio del Jurado y el premio a Mejor actor) o el Festival de Morelia (donde se hizo con el Premio del Público). Estamos ante el segundo largometraje de su director, después de haber estrenado Girl en 2018, película sobre una joven bailarina transexual por la que también fue internacionalmente reconocido y que logró hacerse con tres premios en el 71 Festival de Cannes.


Sin duda estamos ante una historia sobre la infancia, una historia sobre la búsqueda de identidad a una edad muy temprana en la que no sabes distinguir muy bien la fina línea entre el deseo, la amistad o el amor. La ingenuidad que desprenden con una pureza impoluta los dos personajes principales es, ya de primeras, lo que hace que te adentres en la historia y estés completamente dispuesto a lo que esos dos chavales (que podríamos ser yo y cualquier amigo mío de la infancia) tienen que contarte. Léo y Rémi son dos amigos inseparables de 13 años que juegan juntos, andan juntos en bicicleta, comen juntos en sus respectivas casas… comparten prácticamente todo. Es como si vivieran en su propio universo en el que sólo existen el uno para el otro. Hasta para sus respectivas familias son considerados como su segundo hijo. Bajo mi punto de vista, la primera parte de la película también se divide en dos partes: la primera, ésta, en la que nos muestra la pura relación llena de ingenuidad que mantienen los dos niños en esos bosques, donde corren, ríen, se gastan

bromas… y la segunda, cuando tienen que empezar el colegio y tienen que compartir el mismo universo que comparten todos los demás. Ahí comienza el primer conflicto de los dos niños que, mientras caminan poco a poco hacia su adolescencia, empiezan a tener sentimientos que no saben explicarse y que no son capaces de expresar con claridad.


Ellos actúan con total normalidad como siempre han hecho y han sentido, se sientan juntos en clase, uno apoya su cabeza en el hombro del otro… bajo la atenta mirada de una clase perfectamente extrapolable a toda una sociedad que entiende que su relación es algo más profunda que unos simples amigos. Y es ahí donde el espectador empieza a plantearse ciertas preguntas: ¿Qué significa un amigo? ¿Dónde está el límite del cariño hacia un amigo? ¿Cuándo empieza a haber algo más (si es que lo hay)? La historia nos plantea estas cuestiones ante la honesta mirada de dos niños que también empiezan a planteárselas al ver la reacción de los demás ante su aparentemente extraña relación (que a mí, por otro lado, me parece preciosa).


A partir de ese momento, algo hace click en la cabeza de Léo y empieza a comportarse de manera diferente. Aquí es cuando la historia toma otro camino y se vuelve un poco más oscura, más pesimista, más desagradable. Ante la inseguridad y sobre todo el desconocimiento de empezar a conocer algo nuevo, o incluso ante el miedo a darse cuenta de lo que realmente estaba viviendo y sintiendo hasta el momento, Léo toma distancia y hace todo lo posible para sentirse incluido en una sociedad que le impone unas ciertas reglas que decide que le compensa cumplir. Y me acaba convenciendo la forma que tiene el director de retratarlo de una manera directa, realista y honesta, porque a veces la vida es así y lo único que intentamos nosotros (y más aún alguien de 13 años) es sobrevivir. Sin embargo, a veces, la manera que tenemos de aferrarnos a lo seguro, a lo coral o al rebaño que componen la mayoría de personas que nos rodean hace que nos alejemos de los que

estamos empezando a conocer de nosotros mismos. Y, en la historia, esta es una decisión que, si bien a priori puede parecer totalmente inofensiva y natural para Léo, hará que los cimientos de su amistad y su relación con Rémi empiecen a resquebrajarse por completo hasta llegar a un punto de no retorno (donde empezaría la última y tercera parte de la película).


Algo que no me había planteado hasta después de ver la película es su título: Close. En inglés, esta palabra hace referencia a una relación cercana entre dos o varias personas, y daba por hecho que el título hablaba sobre la estrecha relación de sus dos protagonistas. Sin embargo, después me he dado cuenta de que la palabra también puede significar el verbo cerrar. Y puede ser que la película también hable de cerrar: de cerrar etapas (como Léo intenta hacer al principio), de cerrar heridas (todo el tercer acto), o incluso de cerrarnos los ojos muchas veces para no ver quiénes somos ni lo que queremos.


A fin de cuentas, vuelvo a lo que he comentado al principio. No recuerdo muy bien qué esperaba de la película o por qué salí con esa sensación agridulce después de haberla visto (puede que me la esperara menos pesimista). Pero es un claro ejemplo de que, el hecho de madurar y reflexionar sobre ella, hace que vaya descubriendo cosas de las que no me había percatado antes y que hacen que vea la historia con otros ojos, los ojos de alguien que siempre estará más dispuesto a abrir que a cerrar.

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