• Javier Valera

Imperfección y amor por los personajes



Secun de la Rosa ha estrenado su primera película como director y guionista, El cover (2021), un musical ambientado en Benidorm donde los protagonistas son unos chicos que sobreviven, o por lo menos lo intentan, como cantantes, o como pueden, sin conseguir un gran éxito pero sí el apoyo comunitario de la familia creada en ese pequeño universo lleno de música. Un ambiente repleto de seres entrañables que comparten la misma pasión por su oficio, el de cantar, ya sea versionando éxitos de otros, refugiándose en otro personaje para esconder timidez e inseguridades o intentarlo desde una personalidad propia.


No lo ha tenido nada fácil Secun de la Rosa, ya que el rodaje de la película tuvo que suspenderse con la llegada de la pandemia en marzo de 2020 cuando llevaban solo dos semanas de grabaciones, y eso afectó a muchos niveles (localizaciones, equipo técnico…) y por ende también a la propia película. Pero, por suerte, el oficio de De la Rosa (más experimentado en el lenguaje teatral) ha conseguido salvar el largometraje y, pese a sus evidentes irregularidades, convertirlo en algo muy especial que desprende amor y mucho cariño a sus personajes e historias.


El amor por la música

La pasión por la música se evidencia dentro y fuera del relato. Por un lado, es evidente que Secun de la Rosa le da una importancia fundamental a los temas escogidos y a la reivindicación de cierta música: una de las cosas más interesantes es cómo consigue fusionar distintos estilos musicales a lo largo de la película, desde canciones en inglés hasta temas flamencos, desde Amy Winehouse a Los Chunguitos. Por otro lado, está el amor por la música de los protagonistas: por ejemplo, el protagonista (interpretado por Àlex Monner) es un chico huérfano de padres que ha mamado la pasión por el cante desde pequeño, también por su abuelo (interpretado por un Juan Diego al que es imposible no adorar), y su sueño es convertirse en cantante profesional pero mientras se martiriza trabajando en un bar.


Aquí los personajes luchan por su sueño pero su sueño no es conseguir un éxito popular sino poder dedicarse a lo que aman: es muy emocionante el homenaje que hace Secun de la Rosa a los artistas que nunca van a ser conocidos pero llevan una profesionalidad enorme a sus espaldas, artistas por vocación, no por fama. Muy emocionante también el breve papel interpretado por Jorge Calvo, un transformista homosexual con una vida desgraciada que olvida en cuanto sube a un escenario a imitar a Liza Minnelli. También destaca el personaje de Carolina Yuste, una chica tímida que se refugia imitando a Amy Winehouse y adopta ese papel todo el tiempo para esconder su propia personalidad.


Pero si hay una escena potente en la película es la que se desarrolla en el interior de una sala donde los personajes se ponen a cantar temas fusionados unos con otros, de distintos géneros y estilos: es la parte musical más conseguida ya que es imposible no acompañarles en esa pasión y energía que transmiten. Otro momento bonito, pero más íntimo, es el solo de guitarra que se marcan los protagonistas en la playa con el tema Ne me quitte pas. Aquí da igual si los actores (o personajes) cantan bien o mal, lo importante es que se lo creen de verdad.


Dar valor a los que no siempre tienen el foco

Es otro de los temas de la película, reflejar que no por ser famoso dejas de tener importancia. Secun de la Rosa homenajea así a tantos y tantos artistas que son felices actuando en lugares pequeños recibiendo un éxito relativo y nada espectacular pero que tiene el mismo valor que algo más notable. Dar protagonismo a los artistas que nunca lo tienen. De igual forma el casting escogido por el actor-director es muy sorprendente: Àlex Monner y Marina Salas no son los típicos protagonistas que se suelen ver, pero tampoco es algo muy común, desgraciadamente, ver a auténticos actorazos como María Hervás o Juan Diego que, pese a tener unos papeles muy pequeños, otorgan un plus a la película porque son, todos ellos, personajes escritos con mucho corazón y eso se nota. Estamos ante una película de personajes, de grandes personajes (ojalá estuvieran más desarrollados sus arcos dramáticos).


El cover es una película bastante irregular a niveles técnicos, el sonido deja bastante que desear en algunos momentos (no en los musicales por suerte), pero eso no le resta calidad a la película porque su encanto parte de otro lugar, del cariño y la devoción por los personajes y su dedicación absoluta a la música. Personajes perdedores que huyen del fracaso, porque fracasar no es cantar en un garito de Benidorm pero igual fracasar sí es renunciar a tus sueños. Eso no ocurre en este filme y por eso, y por muchas cosas que no caben en un artículo breve, es un guilty pleasure sin ninguna duda. Aquí se ama a El cover.