• Jaime Estrela

El falo (El faro, 2019)

Actualizado: ene 12



Robert Pattinson y Willem Dafoe llegan a una isla remota para cuidar de un faro a finales del siglo XIX. Un ex leñador y un viejo lobo de mar se ven obligados a convivir durante un mes en esta nueva película de Robert Eggers, que sigue explorando el folclore de Nueva Inglaterra, esta vez centrándose en las leyendas marinas.


Se está hablando mucho sobre una nueva generación de directores estadounidenses que están aportando frescura al género de terror, como Ari Aster o Jordan Peele. Entre ellos es común primar las atmósferas y la simbología por encima de los códigos más comerciales como el susto a golpe de sonido. En este caso, la simbología va ligada al mar y tiene un claro componente sexual. La relación entre los protagonistas es un descenso a la locura más absoluta y son los elementos de aislamiento los que parecen justificar este proceso, la tormenta, el relevo que no llega, la falta de provisiones, etc.


Sin embargo, muchos de estos elementos son la base para la representación utópica de la civilización. La isla como equivalente al mundo y los dos personajes como sus Adán y Eva. Pero hay un componente frustrante que impide que funcione esta situación, y aquí es donde entra la masculinidad. Dos hombres rudos con egos enfrentados, cargados de deseo sexual insatisfecho, que adquiere una dimensión fantástica: la luz del faro y la sirena son las únicas representaciones de la feminidad y vías por las que canalizar su sexualidad sin éxito.


Es por ello que, a través de una fotografía espectacular (¿la más bella de 2019?) y una estética que recuerda a los orígenes del cine por su formato y textura, Robert Eggers condena cualquier posibilidad de funcionamiento de ese sistema masculino y se postula como un autor dedicado a mostrarnos el mal que habita en todas partes, no olvidemos que es el director de La bruja (The VVitch: A New-England Folktale, 2015). Aunque esta vez parece quitarse seriedad de encima, sus personajes rozan la parodia, como con la forma de hablar de Dafoe, y aparecen situaciones que pueden resultar cómicas, según la cantidad de pedos que puedas tomar en serio, literalmente.


En definitiva, nadie mejor que su director para sintetizar el mensaje sobre la masculinidad que trasmite de forma sobresaliente en el film "La forma más sencilla de hablar de El faro es: No pasa nada bueno cuando dos hombres se quedan solos en un falo gigante”.

La luz contra la pantalla

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