• Revista Luciérnaga

El glamour de la lucha de clases


Bong Joon Ho, Mejor Director y Guionista de los Oscars 2020

Pocas expresiones más manidas y más despojadas de significado que esa que dice que algo o alguien ha hecho historia. En los tiempos de la inmediatez, la saturación de (des)información y el clickbait, cualquier suceso mínimamente remarcable adquiere una sobredimensión desproporcionada, en un intento desesperado de asomar la cabeza entre la amalgama de noticias que se agolpan al otro lado de nuestras pantallas.


Sin embargo, el hecho de que una película como Parásitos (Gisaengchung, Bong Joon Ho, 2019) se haya alzado con cuatro Oscars, entre ellos el de Mejor Película y Mejor Director, sí supone un acontecimiento histórico dentro de los cánones hollywoodienses, al menos por lo que tiene de inusual. Porque, por primera vez en 92 ediciones, la Academia ha reconocido como mejor film del año a una película producida íntegramente fuera de sus fronteras, sin ningún intérprete conocido más allá del desconocido star system coreano y hablada por completo en una lengua foránea. Además, la reconoce también como Mejor Película Extranjera del año, y a Bong Joon Ho como mejor guionista original de la edición, desde luego un triunfo rotundo para el director coreano y la filmografía de aquel país.


Estos cuatro galardones coronan a Parásitos como la ganadora indiscutible de la noche, pero arrojan también dos conclusiones interesantes que pueden parecer contradictorias a simple vista, pero que en el fondo no dejan de ser complementarias. La primera, que Hollywood rompe con la inercia de los últimos años, y reconoce como mejor filme a una película que esconde un mensaje pesimista y descorazonador. Tanto La forma del agua (The Shape of Water, Guillermo del Toro, 2017) como Green Book (Peter Farrelly, 2018) apostaban por reivindicar que es posible el encuentro (ya sea amoroso o social) a pesar de las diferencias. Por el contrario, Parásitos es una película que incide mucho más en lo que nos separa que en lo que nos une, una metáfora nada disimulada de la lucha de clases que tiene muy claro contra quién pretende cargar las tintas. De ahí la segunda conclusión, la de que Hollywood ha tenido la capacidad, una vez más, de dar un bandazo aparentemente osado y premiar una película que se aleja (geográfica e ideológicamente) del discurso mainstream. Sin embargo, la sensación que transmite es que este giro, más que para acercarse a la sensibilidad de cierto sector de la crítica, tiene como objeto ofrecer una imagen renovadora que acaba por fagocitar los discursos incómodos y por adocenar las disidencias. Y, de paso, nos hace olvidar un hecho tan evidente que es fácil de pasar por alto: todos los académicos y las personas presentes en el Dolby Theatre de Los Angeles viven en la mansión del barrio pijo a la que los protagonistas de Parásitos intentan acceder sin éxito.


Joaquin Phoenix, Mejor Actor Protagonista, sigue sonriendo

Vencedores y vencidos

Tal vez sea porque venimos de donde venimos, pero lo cierto es que casi todo el mundo ha coincidido en señalar el gran nivel de las películas que optaban a los premios más importantes del cine mundial. En este escenario, las victorias y los fracasos resuenan con más estridencia, y si decíamos que Parásitos y Bong Joon Ho eran los grandes triunfadores de la noche, los agravios se reparten con más equidad. En primer lugar, Hollywood da un toque de atención (por no decir un palo) a Netflix, que lleva unos cuantos años queriendo legitimar su modelo de producción y exhibición a través de su inclusión en las entregas de premios. Así, sus apuestas más fuertes (dejando de lado Klaus (Sergio Pablos y Carlos Martínez López, 2019), que se ha quedado sin el premio a la mejor película de animación en detrimento de Toy Story 4 (Josh Cooley, 2019), demostrando como en el caso del cortometraje Hair Love que Pixar sigue teniendo mucha ascendencia), tanto Historia de un matrimonio (Marriage Story, Noah Baumbach, 2019) como El irlandés (The Irishman, Martin Scorsese, 2019) se han quedado prácticamente en blanco, excepto por el galardón a Laura Dern como Mejor Actriz de Reparto en la cinta de Baumbach. Sorprende especialmente el caso de la obra maestra de Scorsese, que no ha ganado ninguna de las estatuillas a las que optaba, y dos históricos como Al Pacino y Joe Pesci han doblado la rodilla ante Brad Pitt, el gran favorito como Mejor Actor de Reparto por su gran actuación en Érase una vez en... Hollywood (Once Upon a Time... in Hollywood, Quentin Tarantino, 2019), cinta que además ha sumado el premio a Mejor Diseño de Producción por recrear la meca del cine de finales de los 60. Pero más llamativo aún resulta que ni El irlandés ni Mujercitas (Little Women, Greta Gerwig, 2019) se hayan llevado el Oscar a Mejor Guion Adaptado, que ha recaído en Taika Waititi y su intento de humanizar el Holocausto en Jojo Rabbit. Por cierto, y hablando de Mujercitas, el único galardón que se lleva para casa es el de Mejor Vestuario. Es decir, la película de chicas se lleva el premio a los mejores trapitos. Da que pensar.


Otra de las grandes damnificadas de la noche, aunque solo fuera por lo alto que cotizaba en las quinielas, ha sido Scarlett Johansson, que pese a su doble nominación ha perdido contra Laura Dern como secundaria y contra Renée Zellweger como Mejor Actriz Principal, que se ha llevado al gato al agua por interpretar (prótesis mediante) a la gran Judy Garland en Judy (Rupert Goold, 2019). Tampoco ha tenido suerte Sam Mendes y su épica 1917, que ha sido reconocida únicamente en apartados técnicos (Sonido, Fotografía y Efectos Visuales), como ha sido también el caso de Le Mans '66 (Ford v Ferrari, James Mangold, 2019) que ha hecho doblete en Montaje y Edición de Sonido. Desde luego, los productores pueden estar contentos en este caso, como también en el de otras "modestas" que han rascado premio, como El escándalo (Bombshell, Jay Roach, 2019), Mejor Maquillaje y Peluquería, o Rocketman (Dexter Fletcher, 2019), en la categoría de Mejor Canción Original.


Y, cómo no, también hay que hablar de Joker (Todd Phillips, 2019). De las trece categorías en las que optaba, solo se pronunció su nombre en dos de ellas. La primera, la Mejor Banda Sonora Original para Hildur Gudnadóttir (que, por cierto, ha ganado absolutamente todos los premios de la temporada), y la segunda, y la más esperada, la de Joaquin Phoenix como Mejor Actor Principal. A la Academia le ha seducido la transformación física y el histrionismo histérico de Phoenix, un actor que se hace acreedor de todos los premios prácticamente en cada una de sus interpretaciones. Muchos pensaban incluso que Joker podría ser la ganadora a Mejor Película del Año pero, siendo una película incómoda como Parásitos, sus coordenadas son mucho más reconocibles y dolorosas para el público estadounidense. Como Bong Joon Ho, Phillips huye de sutilezas y sitúa el origen del villano en la marginación y la invisibilización de la sociedad, e incide en las desigualdades como elemento generador de monstruos.


Veremos si el triunfo de Parásitos supone un punto de inflexión real en los Oscars a la hora de premiar propuestas más arriesgadas (o al menos no tan autocomplacientes), o es simplemente el enésimo lavado de cara lampedusiano de una industria que siempre está dispuesta a abrazar lo arriesgado siempre que ello no suponga un cuestionamiento excesivo de su propio statu quo. Porque, al final, nos guste más o menos, this is Hollywood.

La luz contra la pantalla

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