• Héctor Gómez

Fe, esperanza y caridad (The Virtues, 2019)



Cuando acaba la escena final del último episodio de The Virtues (2019), sus imágenes se quedan congeladas en la retina durante un largo tiempo. Es imposible no sentirse estremecido por el peso dramático de esos últimos minutos, ese clímax final que condensa y a la vez libera toda la tensión que ha ido acumulándose a lo largo de los cuatro capítulos que conforman esta miniserie. Unos minutos que se ven sin parpadear, con el aliento contenido y con la sensación de que el peso de toda una vida se concentra en unos instantes decisivos. Porque en solo cuatro capítulos, los personajes de The Virtues penetran en el espectador casi de forma inadvertida, con una naturalidad abrumadora. Y de repente, sin darnos cuenta, sus problemas son los nuestros. Y su sufrimiento, y también sus (pocas) alegrías, son compartidas.


No es exagerado decir que Shane Meadows es el director que mejor ha sabido representar la esencia del cine y la sociedad británicas en los últimos quince años. El suyo es un cine a ras de suelo, basado en el desarrollo y la credibilidad de unos personajes que se construyen unidos de forma orgánica al ambiente en el que viven, y un reconocimiento total por parte de la audiencia con las situaciones que se narran, perfectamente extrapolables a las de cualquier ciudadano de a pie. Un cine, por tanto, que emparenta directamente a Meadows con toda esa tradición del cine social británico, no tanto con la vertiente más comprometida y política (y a veces, demasiado lastrada por cierto maniqueísmo) de Ken Loach, sino más bien con la veta humanista e irónica de Mike Leigh.


Con This is England (2006) y sus spin-off en forma de miniseries, Meadows firmaba la que es hasta el momento su película más redonda. El relato de la transición al mundo adulto de un preadolescente (Thomas Turgoose) que encuentra en una pandilla de skinheads a su familia elegida, llamada a cubrir el vacío que ha dejado la muerte de su padre en la Guerra de las Malvinas. El mensaje político de This is England, ambientada en 1983, es absolutamente actual, y nos confronta con la idea de que las teorías nacionalistas, racistas y supremacistas que acercaron al movimiento skinhead a la extrema derecha están ahora mismo más en boga que nunca. Pero más allá de eso, la película habla realmente de la importancia de encajar, de sentirse querido y apoyado. Y también del peligro y la manipulación a la que nos podemos someter en momentos de debilidad emocional.


Tanto en This is England como en el resto de su filmografía, en el cine de Meadows siempre hay espacio para la diversión. Sus personajes son gente corriente que sobrevive como puede en la Inglaterra que quedó tras el thatcherismo, donde la brecha entre ricos y pobres se hizo cada vez más insalvable. Sus primeras películas casi parecen una actualización de la novela picaresca del Siglo de Oro, donde se combina el drama de la pobreza y la exclusión con la ternura de las pequeñas victorias cotidianas, de los rayos de luz que iluminan la oscuridad del día a día. Sin embargo, en The Virtues, Meadows parece haber prescindido de cualquier concesión al humor para crear una serie que apenas deja tiempo para respirar, que se ve con el corazón en un puño conforme se van desgranando los detalles de la historia vital que arrastran sus protagonistas. La música de PJ Harvey, estridente y penetrante, no hace sino acentuar esa sensación de desasosiego.


Desde el propio diseño de su título, con la inclusión de un crucifijo sustituyendo a una de las letras, nos damos cuenta de que en The Virtues sobrevuelan en todo momento ciertas referencias a la imaginería y las enseñanzas cristianas. La iglesia católica, sin ir más lejos, reconoce las llamadas virtudes teologales, las capacidades infundidas por Dios en la inteligencia y la voluntad del ser humano para que este ordene sus acciones hacia Dios mismo. La ficción planteada por Meadows gira en torno a estas tres virtudes, representadas cada una de ellas en el arco dramático de cada uno de sus personajes principales.


Joseph, la esperanza

El cartel publicitario de la serie para Channel 4 muestra un fotograma del primer capítulo de The Virtues, en el que se ve a Joseph (Stephen Graham) tumbado en el suelo en una postura que inevitablemente recuerda a la de Cristo crucificado. Pero más allá de lo obvio de la referencia, el arco narrativo de Joseph entronca más con la idea de redención que con la de sacrificio. En ese primer episodio asistimos a la partida de su hijo hacia Australia junto a su madre y el marido de esta, dejando a Joseph desolado ante la perspectiva de la soledad que le espera. Su primera reacción es ir a un bar y empezar a beber hasta perder el control y desmayarse en su casa, en esa postura crística que, curiosamente, actúa como epifanía para que Joseph decida dar un vuelco a su vida. Así, viajará hacia su Irlanda natal para enfrentarse con su pasado y reencontrarse con su hermana, de la que se separó cuando eran niños para ir a un internado para huérfanos tras la muerte de sus padres. El emotivo reencuentro de Joseph con Anna, la posibilidad de trabajar en la empresa de su cuñado Michael (Frank Laverty) y, en fin, de tener algo parecido a una familia, parecen suponer el final de la amargura de Joseph. Sin embargo, una visita a la tumba de sus padres y posteriormente a The Towers, el internado del que se escapó siendo solo un niño, sirve para que su pasado se abalance despiadadamente sobre él. A raíz de este hecho, el comportamiento de Joseph es cada vez más errático e impredecible. Se descubre su problema de alcoholismo y, lo que es peor, se destapa el trauma que su mente había enterrado todos estos años. Y es que Joseph, durante su estancia en The Towers, con solo nueve años de edad, fue violado por dos chicos mayores.


Esta revelación conduce a Joseph a querer cerrar cuentas definitivamente con su pasado. Gracias a la información de Craigy (Mark O’Halloran), su nuevo compañero de trabajo con el que también había coincidido en The Towers, Joseph descubre que uno de sus violadores vive en un pueblo cercano, y se dirige a su casa con la clara intención de vengarse. Sin embargo, lo que se encuentra Joseph es a un enfermo moribundo, que reconoce que le violó porque es lo mismo que hicieron con él cuando era más pequeño. Es aquí donde Meadows inicia el camino de la salvación de Joseph, al hacerle cambiar de idea sobre su intención de matar a su violador. En lugar de eso, le dice que él sí tiene una familia (su hijo) por la que vivir, mientras que su violador va a morir solo y enfermo. Así, Joseph perdona a su verdugo y Meadows cierra la serie con un plano de su protagonista cerrando los ojos en el camino de vuelta a casa. Por fin, Joseph puede descansar tras haber cerrado sus heridas.



Anna, la caridad

Joseph y Anna (Helen Behan) fueron separados tras la muerte de sus padres. Joseph fue internado en The Towers, y Anna se crió con otra familia. Treinta años después, Joseph aparece en la puerta de la casa de su hermana, que ya le había dado por muerto. Anna, a diferencia de hermano, ha conseguido tener una vida “normal”, con un trabajo, una casa y una familia. Pero al reencontrarse con Joseph siente que él es la pieza que ha faltado siempre en su vida, y por ese motivo le acoge sin pensarlo, y le ofrece todo lo que tiene para que Joseph pueda sentirse cómodo.


Así, volviendo a los símiles católicos, Anna representaría el papel de la virgen María, ejerciendo de madre protectora y dolorosa no solo de su hermano Joseph, sino también de su cuñada Dinah, envuelta en sus propios problemas. Es Anna la que va a recoger a Joseph al bar después de que este recayera en sus problemas con la bebida, y la que va en su búsqueda después de que Craigy le informe de que se dirige a matar al hombre que le violó en su infancia. Es precisamente la generosidad y la abnegación de Anna lo que permite a Joseph atisbar su esperanza.



Dinah, la fe

En este juego de metáforas cristianas, si Joseph es Jesucristo y Anna es la Virgen María, a Dinah (Niamh Algar) le correspondería jugar el rol de María Magdalena. Lo primero que vemos de ella es una pelea con su novio de turno, que le lleva a refugiarse por enésima vez en casa de su hermano mayor y su cuñada (Michael y Anna). Dinah es una chica joven, sin estudios y sin trabajo, que se rasca los brazos y la nariz como reflejo inconsciente de quien no se ha dejado nada por probar. La aparición repentina de Joseph en casa de su hermano le hace sentir de algún modo desplazada, porque piensa que la atención de su cuñada ya no va a estar centrada en ella como hasta ahora. Pero enseguida, Dinah vuelve a sentir esa querencia por las personas difíciles, ese impulso de empezar historias condenadas a no acabar bien. La atracción que siente por Joseph en esa primera noche de borrachera es cortada de raíz por Anna, que no está dispuesta a tolerar que sus dos ovejas descarriadas se hagan daño mutuamente.


Al mismo tiempo que vamos descubriendo el terrible pasado de Joseph en The Towers, sabemos también que Dinah se quedó embarazada siendo una adolescente, y que su madre (Deirdre Donnelly), católica y temerosa de Dios, le impidió abortar y la obligó a dar a su hijo en adopción. Cuando Dinah intenta retomar el contacto con su hijo, descubre que este le había estado enviando cartas años atrás, pero que su madre las había quemado para que ambos no pudieran tener una relación. La escena más difícil e impactante de The Virtues es cuando Dinah va a visitar a su madre, esa mujer de Fe que siempre ha odiado a su hija, mancillada cuando era una niña y sumida en el pecado durante toda su vida. Su castigo es impedir que su hija pueda reencontrarse con su nieto.


En el último capítulo de la serie, Meadows hace un montaje paralelo entre la visita de Dinah a su madre y la de Joseph a su violador. Pero si la historia de Joseph se cierra con esperanza (ha perdonado a su enemigo y ha sido rescatado por su hermana), la de Dinah no puede tener un final más trágico, ya que la joven asesina a su propia madre como venganza por la vida de desprecio a la que la ha sometido.



De este modo, Joseph, Anna y Dinah son los tres vértices del triángulo que conforman los personajes principales de The Virtues, en la que Shane Meadows rinde cuentas con su propio pasado (reconoce haber sufrido episodios de abuso en su infancia) y dispone un tablero donde las emociones y las conductas más humanas se despliegan en toda su crudeza. En The Virtues hay espacio tanto para la esperanza como para la amargura, heridas que se cierran y otras que permanecerán sin cicatrizar. Redención, venganza y dolor. En definitiva, una muestra de lo que somos.

La luz contra la pantalla

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