• Javier Valera

Festival de San Sebastián #69SSIFF: Día 5

Cuando los pases están destinados únicamente para la prensa es muy común escuchar, al comenzar los títulos de crédito, los típicos aplausos si la película ha gustado, y en función de si gusta más o gusta menos se nota el entusiasmo o la mera inercia de aplaudir. Luego hay casos donde la desgana, el aburrimiento o las ganas de salir corriendo (en según qué pases no nos dejan escapar hasta que se acaben los títulos de crédito, por respeto no se sabe muy bien a qué) provocan un absoluto silencio y nadie aplaude. Eso ha ocurrido con el primer pase del martes, con una película de Sección Oficial que prometía, al menos, un entretenimiento a buenas horas de la mañana porque se suponía que era un thriller (Fire on the Plain, 2021, dirigida por Zhang Li) y ha terminado siendo un auténtico coñazo. Una serie de asesinatos a taxistas provocan intranquilidad en un lugar de China en 1997, pero eso a medida que transcurre el metraje parece que se olvida y ya no se sabe muy bien hacia donde se dirige el largometraje. Igual esa es su base pero da igual porque pocos la recordarán mañana.

Érase una vez en Euskadi (Manu Gómez, 2021)


Con Érase una vez en Euskadi ha mejorado la mañana pero tampoco era muy complicado. El filme escrito y dirigido por Manu Gómez se sitúa en Euskadi en 1985, pero por lo blanca que es casi en todo momento, podría estar contextualizada en cualquier fecha y lugar. Se entiende que si es una película desde la visión y el punto de vista de cuatro niños en la década de los ochenta en el País Vasco no se va a incidir demasiado en contextualizar la situación política y social, pero de ahí a que no se nombre en ningún momento a ETA, habiendo incluso personajes (el de Yon González, por ejemplo) inmersos en la organización terrorista, mosquea porque parece que el director solo quiere hacer un retrato nostálgico donde mete algún aspecto trágico pero los niños viven ajenos a lo que pasa a su alrededor, que igual esa sensación quiere dar pero chirría. Como la película tiene ese toque costumbrista —que funciona a la perfección, dicho sea de paso—, se le puede perdonar que toque de pasada también aspectos como la adicción a la heroína o los años más duros del VIH/SIDA, pero vuelve a tener otro fallo y es que da la sensación de no saber muy bien cómo finalizar el filme y mete un plot twist completamente innecesario para que luego, minutos después, todo parezca seguir igual y los niños felices y contentos, aburridos pero no amargados. Entretenida pero decepcionante.


Ryusuke Hamaguchi presenta dos películas en esta edición del festival: una de ellas, Drive my Car, no la he podido ver y la otra, programada en Perlak, es La ruleta de la fortuna y la fantasía (Guzen to Sozo, 2021). El filme está formado por tres historias independientes pero que guardan cierta relación entre sí, en la temática sobre todo. La primera es un triángulo amoroso, la segunda un encuentro con interés de seducción entre escritor y admiradora y el tercero, el que más interés me ha provocado, una bonita historia de dos mujeres que no se conocen pero creen que sí. Me parece una propuesta de película muy imaginativa, pero me voy a centrar solo en la tercera historia: la confusión de dos mujeres que creen conocerse termina en una conversación intensa sobre el amor, sobre las cosas que no decimos a quien amamos e igual necesitamos hacerlo, sobre la necesidad de desahogarse y no callarse, sobre la importancia de los recuerdos y la facilidad de la memoria para truncarlos. Es fascinante cómo en poco más de media hora Hamaguchi habla de tantos temas y los une todos a la perfección. De las mejores películas que he visto en el festival.


La ruleta de la fortuna y la fantasía (Ryusuke Hamaguchi, 2021)


Para terminar la jornada otra de Sección Oficial: La hija (2021) de Manuel Martín Cuenca. Es aburrida y eso es lo peor que le puede ocurrir a un thriller que promete por su originalidad: un matrimonio que quiere tener un hijo secuestra a una chica embarazada, e internada en un centro de menores, para que les de la hija que está esperando. El problema es que la acción no comienza hasta muy tarde y ya es en el clímax donde toda la tensión explota: sin duda el tramo final es impecable y evidencia que no hace falta una película de dos horas para contar esta historia. El cine de Manuel Martín Cuenca, con películas como Caníbal (2013) o El autor (2017), se caracteriza por personajes algo perturbados y bastante extraños, y aquí ocurre exactamente igual. Javier Gutierrez es el protagonista pero, aunque está bien en su rol, quien destaca sobre los demás es Irene Virgüez, que se convierte en protagonista femenina en el último tramo y demuestra que va a ser toda una revelación en la temporada de premios. Sobre la película tampoco es necesario comentar mucho más, con paciencia se llega a la última parte y se disfruta algo.