• Jaime Estrela

Un instante dilatado (Fin de siglo, 2019)


No son pocos los directores que afirman que el tiempo es una de las materias primas necesarias para el cine. El título de esta película ya apela al paso del tiempo, pero lo que nos ofrece se despliega en distintas dimensiones, a nivel estructural, narrativo y temático.


Ocho llega a Barcelona como turista, se dedica a observar y a pasear. Esas actividades desembocan en un encuentro con Javi, y aparentemente, nos encontramos con una cinta sobre un encuentro amoroso fortuito. El espectador también se dedica a observar desde la distancia, gracias a la transparencia narrativa del director, este encuentro se narra a través de una mirada limpia y sin artificios, que se ve reforzada por las realistas interpretaciones.


A medida que la película avanza, mediante un par de giros argumentales, la relación entre los protagonistas alcanza nuevos estados, y es aquí donde el tiempo se vuelve fundamental en esta historia. Los recuerdos y los sueños, sin perder verosimilitud, pasan a formar parte de la historia de Ocho y Javi y de sus encuentros en Barcelona.


Se podría emparentar con la trilogía Antes de… de Richard Linklater por su temática similar, pero la originalidad de Fin de siglo recae en su estructura y en su representación. Mientras que las películas de Linklater han sido rodadas con 9 años de diferencia entre ellas, esta es fruto de un único rodaje. De manera que en las primeras se puede apreciar el paso del tiempo en los actores y en los ambientes, sin embargo, en la película de Lucio Castro no parece haber huellas del tiempo más allá de algún comentario de los personajes.


Lo sorprendente de este film es que a pesar de que los protagonistas no cambian físicamente en 20 años, todo funciona según la lógica construida por el director. Algunas situaciones surgen de acciones poco realistas o no verosímiles fuera de una película, pero aquí la sencillez y la naturalidad juegan a su favor para que todo parezca real a un nivel casi documental.


Todos los momentos parecen escogidos para contar algo específico, pero a su vez no ser algo compacto, sino que da la sensación de que la vida fluye y se escapa entre secuencias. Su gran virtud es que lo ideal en una dimensión onírica tiene el mismo peso que la propia realidad, y por eso Fin de siglo nos permite ver como un instante se puede dilatar hasta abarcar una vida y como una vida cabe en un instante.

La luz contra la pantalla

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