• Mar Gimeno

Funk it up! (The Get Down, 2016)

Esta es una de esas series que nunca me canso de ver. Y es esta una de las ocasiones en las que maldigo a Netflix por cancelar su producción después de una primera (y única) temporada que nos dejó, como mínimo, alucinando. También nos dejó con ganas de más, algo que rezo todos los días porque suceda.


Volvemos a finales de los años 70, a El Bronx. Un barrio marginal de Nueva York (el cual se ha vuelto icónico por estos años en que se desarrolla la ficción) para seguir la vida de un joven, Zeke (Justice Smith), y su pandilla (entre los que se encuentra Jaden Smith, hijo del gran Will Smith). Estos adolescentes de barrio marginal, de familias muy humildes e inmigrantes, van a descubrir quienes son y su relación con el mundo a través de una de las manifestaciones humanas más esenciales: la música.


Disco, soul, rap, gospel, tecno R&B,... Son los estilos que envuelven de mágica musicalidad los personajes y sus historias. Todo lo que ocurre tiene que ver con la música (o casi todo) y por eso puedo afirmar de que se trata de una de las mejores ficciones musicales de todos los tiempos.


La música históricamente ha nacido en contextos muy diversos y por razones muy diferentes (entretenimiento, denuncia, placer,...). En este caso, durante esta década lo que se cuece en las calles de El Bronx es el hip hop. Una forma de rebelarse por parte de aquellos jóvenes que, como bien representan los protagonistas, están hartos de las desigualdades que sufren. Expresan así su descontento. Pero el hip hop no es solo un estilo de música, sino que también es un estilo de vida. Es todo un movimiento artístico que engloba tanto rap, como el grafiti o el breakdance. Es la 'subcultura' por excelencia. Y es en los llamados ghetto donde se desenvuelven nuestros personajes, que si bien son ficticios, podrían haber pertenecido a la historia real. Es como si se tratara de la propia historia del hip hop con forma de serie, absolutamente verosímil. Por ello resulta tan fascinante.



The get down está ideada por Bazz Luhrmann y Stephen Adly Guirgis, y lleva su sello por todas partes. Si habéis visto Moulin rouge! (Luhrmann, 2001) o The Great Gatsby (2013) entenderéis de qué estoy hablando. Es una explosión de color y de ritmos combinada con un montaje a veces rápido, otras lento, que en su totalidad recuerda a lo que sería una canción con todos sus matices, momentos de tensión y distensión que configuran este relato como una visión muy interesante del nacimiento de un género.


Por todo esto declaré hace años un odio eterno a Netflix (aunque sí, sigo suscrita y me encantan muchas de sus series). Pero esa espinita sigue clavada en el corazón. ¡Jamás te lo perdonaré!



La luz contra la pantalla

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