• Javier Valera

La oscuridad de la cárcel



Una cámara graba lo que ocurre en un baño donde entran y salen unos hombres con mal aspecto que intercambian con otros miradas cómplices e intencionadas. Buscan con miedo e inseguridad un placer momentáneo, lo consiguen y salen rápidamente del plano. Esta es la primera escena de Great Freedom (Grosse Freiheit, Sebastian Meise, 2021) y no hay mejor arranque para una película que habla precisamente de eso: de esconderse para disfrutar del contacto íntimo, de buscar algo de cariño, de vivir siendo despreciado al ser homosexual dentro de una cárcel, de sufrir vejaciones y aguantar, sobre todo esto último. Aguantar.


El filme, que pasó por el Festival de Cannes (en la sección de Un Certain Regard, donde obtuvo el Premio del Jurado) y por el Festival de Sevilla (consiguió el premio a mejor película y actor), se centra en el trato humillante que sufrían los homosexuales en las cárceles de Alemania (aunque el relato se puede contextualizar en cualquier otro lugar) en la posguerra. Concretamente se centra en un único personaje (interpretado por un magnífico Franz Rogowski) a lo largo de tres temporadas, alargadas en el tiempo: en 1945, 1957 y 1970. Tres largas temporadas en una cárcel aguantando y padeciendo tratos inhumanos por parte de los carcelarios solo por ser homosexual.


Great Freedom es cruda pero denuncia una situación real que sufrieron los homosexuales dentro de las cárceles o los campos de concentración. A través de una decisión formal arriesgada pero visualmente de lo más sugerente asistimos, o lo podemos intuir, al sufrimiento más doloroso del protagonista encerrado en condiciones penosas, sin luz, sin ventilación, hasta que quien manda quiera.



Uno de los mayores aciertos del filme es que, pese a todos los momentos dolorosos y duros que muestra, da cierto espacio para tratar el ingenio del preso protagonista para conseguir algún que otro momento íntimo con algún amante o algún preso que solo busca que le practiquen sexo oral, disfrutar de algo de calor humano y amor entre tanta frialdad. A modo de flashbacks la película muestra esa parte sentimental del personaje truncada totalmente por estar encerrado.


La última parte del filme es de las partes más dolorosas, la sensación de no encajar dentro de esa libertad (la película muestra cómo en 1970 se revisó el artículo 175 del código penal alemán que castigaba duramente a los homosexuales) tan ansiada y esperada y sentir la necesidad de volver al lugar conocido en una especie de síndrome de Estocolmo con la propia cárcel, es la desgracia de salir al exterior y no encajar, de no estar preparado para vivir en libertad, de no tener a nadie.