• Jaime Estrela

La historia se repite



El activista negro Fred Hampton estuvo al frente del partido Panteras Negras a finales de los años 60. Una época en la que el activismo caló muy fuerte en determinados entornos de Estados Unidos. Una prueba de ello es el hecho de que dos nominadas al Oscar este último año estén ubicadas en ese periodo: El juicio de los 7 de Chicago (The Trial of the Chicago 7, Aaron Sorkin, 2020) y Judas y el Mesías Negro (Judas and the Black Messiah, Shaka King, 2020). Es esta última la que se centra en los años públicos de Hampton.


El director, que ha trabajado en series como High Maintenance o Shrill, se apoya en el director de fotografía de la excelente 12 años de esclavitud (12 Years a Slave, Steve McQueen, 2013), Sean Bobbitt (nominado al Oscar), para narrar en su segunda película la historia real de un infiltrado en los Panteras Negras encargado de vigilar de cerca a Fred Hampton.


Para poner rostro a estos dos personajes tenemos a Daniel Kaluuya (como el activista) y a Lakeith Stanfield (de infiltrado). Ambos optan al premio de la Academia gracias a que la película tiene una estructura que permite el lucimiento de ambos actores tanto en sus partes conjuntas como separadas. Mientras Kaluuya encarna de manera muy carismática al líder del partido, que con su magnética presencia consigue llenar cada milímetro de la pantalla, Stanfield es quien, a pesar de haber sido menos reconocido, parece tener un reto más complicado interpretando a Bill. Éste es un delincuente que se ve forzado a formar parte de los Panteras Negras para ser absuelto de un delito.


Bajo esta premisa, Shaka King plantea un thriller político oscuro pero altamente estético. Como si fuera un discípulo de Scorsese, construye un retrato dividido entorno a la figura del Judas y el salvador del pueblo oprimido. Además, no se corta a la hora de establecer paralelismos con la historia bíblica a la que el título hace referencia. A pesar de seguir la estela reivindicativa de directores como Spike Lee, Judas y el mesías negro, no termina de sobresalir en el retrato del opresor, el FBI como equivalente al gobierno romano de hace 2.000 años. Aunque la película parece dejar claro quién es el auténtico villano, prefiere centrarse en el dilema de Bill, a quien las circunstancias hacen mucho más interesante.


Esta crónica histórica sobre los Panteras Negras abraza los elementos de la narración más conocida del mundo para expresar a través de su crudeza y su violencia, que los temas que trata siempre van a ser de actualidad, sea 2020, 1968 o el año 33 después de Cristo.