• Héctor Gómez

Es lo que hay


Durante toda su carrera, Kurt Vonnegut escribió desde el humor. Lo cual tiene un mérito enorme, dado que su trayectoria vital le llevó a vivir la que quizá sea una de las experiencias más extremas que puede soportar un ser humano. Vonnegut, prisionero de guerra de los nazis, estaba encerrado en un sótano cuando, entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, la aviación aliada —principalmente aviones británicos y estadounidenses— bombardeó la ciudad alemana de Dresde con cerca de 4.000 toneladas de explosivos incendiarios. La que era conocida como la «Florencia del Elba» quedó reducida a escombros. Lo que Vonnegut y sus compañeros vieron, cuando su ojos se acostumbraron a la luz después de varios días encerrados, debió parecerse a una especie de paisaje lunar. O al escenario de una pesadilla. Las calles y los edificios, simplemente, habían dejado de existir. Los cadáveres, calcinados e irreconocibles, se amontonaban en las calles como ramas caídas después de una tormenta. La masacre de Dresde, a pocos días de que terminara la Segunda Guerra Mundial, es desde entonces un símbolo de los horrores de la guerra, de la sinrazón a la que puede llegar el ser humano. ¿Cómo es posible seguir viviendo después de presenciar semejante abominación?


Intentamos encontrar la respuesta en los resquicios del metraje de Kurt Vonnegut: Unstuck in Time (Robert B. Weide y Don Argott, 2021), el documental que repasa la figura vital y literaria de uno de los escritores capitales para entender el siglo XX. Testigo de primera mano del horror absoluto, cuando se aborda la cuestión de Dresde, su habitual semblante risueño parece congelarse. Intenta tirar de ironía, restarle importancia a todo aquello, pero se nota que es imposible. Los libros de Vonnegut no pueden entenderse sin Dresde. O, mejor dicho, toda su carrera posterior le tenía que conducir, en algún momento, a escribir sobre ello.


Cuando se publicó Matadero cinco (1969), Vonnegut era ya un prolífico escritor de relatos y novelas, que se habían publicado en varias revistas importantes. Pero todo cambiaría para siempre cuando escribió Matadero cinco. En la novela, Vonnegut iba a hablar de lo que vio en Dresde, pero lo que vio era tan terrible que no encontró otra manera de contarlo que disfrazar el libro de relato de ciencia-ficción, construir un alter ego llamado Billy Pilgrim e introducir una trama de viajes en el tiempo y contacto con extraterrestres. Matadero cinco es probablemente una de las novelas más importantes de la segunda mitad del siglo, un alegato antibelicista que, desde la ironía y la distancia humorística, intenta describir el horror más absoluto. En la novela, la existencia humana es vista por los extraterrestres tralfamadorianos desde la insignificancia y la futilidad. Justo lo que debió pensar el propio Vonnegut cuando contempló el fantasma de una ciudad entera ante sus ojos, cuando él y otro puñado de chavales casi adolescentes (no es casualidad que el subtítulo de la novela sea La Cruzada de los Niños, en alusión a la edad de la mayoría de soldados que lucharon y murieron en la guerra) tuvieron que enterrar lo que quedaba de miles de cuerpos reducidos a cenizas.


En Matadero cinco, Billy Pilgrim puede viajar por todos los momentos de su vida, ya sea a su niñez o a su etapa adulta. Puede ver una y otra vez el día en que se casó, incluso su propio nacimiento. Su relato se pierde en el hilo del tiempo para confundir pasado, presente y futuro, en una cadena dislocada en la que una vida se explica a sí misma a partir de fragmentos inconexos. Y lo mismo hace Robert B. Weide en Unstuck in Time, en el que se vale de la premisa de Matadero cinco para saltar por toda la vida de Vonnegut, hacia atrás y hacia adelante, para intentar explicar la vida del escritor a través de su propia experiencia personal con él.


Robert B. Weide, como Kurt Vonnegut, ha basado su carrera artística en el humor. Ya sea a través de sus documentales sobre los grandes cómicos de la historia de Estados Unidos como, especialmente, en su mítica serie sobre Larry David (Curb Your Enthusiasm, 2000-2021), sin duda uno de los picos de la comedia contemporánea. Pero, como relata en su documental, su vida cambió cuando, en el instituto, leyó El desayuno de los campeones (1973), una de las novelas más ácidas de Vonnegut. Cuando pudo conocer al autor unos años después, se creó entre ellos una amistad que perduró hasta la muerte de este en 2007.


Unstuck in Time no es simplemente un repaso biográfico a la vida de Vonnegut, por mucho que muestre el tradicional recorrido desde su infancia en una familia de buena posición en Indiana, venida a menos tras la Gran Depresión, hasta su muerte como escritor de éxito, tras una vida marcada por el horror de la guerra y la trágica pérdida de su hermana mayor. Sin embargo, lo más interesante del documental es cómo se imbrican la trayectorias vitales del realizador y del protagonista, y cómo la amistad entre ambos acaba por contagiar todo el metraje. Weide reconoce que lleva cerca de dos décadas intentado acabar su película, que siempre había quedado inconclusa y archivada en detrimento de otros proyectos más urgentes. Así, Unstuck in Time, que debía ser un documental sobre la vida de Kurt Vonnegut, acaba siendo una película sobre la incapacidad de Weide de finalizar un documental sobre la vida de Kurt Vonnegut. Pero, a diferencia de otros ejemplos en los que la presencia del director se antoja superflua e incluso molesta, aquí sucede todo lo contrario. Los problemas y las dudas de Weide para acabar su película responden a la íntima relación entre ellos, hasta el punto de afirmar que, aunque en un primer momento tenía miedo de que su amistad interfiriera en el documental, al final se dio cuenta de que era el documental el que podía interferir en su amistad.


Unstuck in Time refleja lo difícil que es encontrar un cierre a las historias, sean estas ficticias o sobre la vida misma. Y también sobre cómo el arte puede actuar como bálsamo contra el dolor y la pérdida, o sobre cómo la literatura puede servir para explicar lo inexplicable. Así que, volviendo a la pregunta sobre cómo se puede vivir después de presenciar el horror, encontramos la respuesta en la tan repetida máxima de Kurt Vonnegut: «es lo que hay».