• Héctor Gómez

Triángulo de amor bizarro (La favorita, 2018)

Actualizado: 21 de feb de 2019


Cuando en 2009 saltó a la fama internacional con Canino (Kynodontas), el director griego Yorgos Lanthimos ya llevaba a sus espaldas una trayectoria interesante en festivales y circuitos más reducidos, y había sentado las bases y los elementos más reconocibles de su cine. Lanthimos se ha propuesto que sus imágenes actúen como lienzo en el que tienen lugar las situaciones más extremas a las que el comportamiento humano es capaz de llegar, pero todo con la distancia que otorga una interpretación antirrealista de los actores y unas situaciones que utilizan la exageración, el surrealismo y el esperpento para hacer más digerible lo terrible de su trasfondo. Canino ya era un aviso para navegantes: una reflexión sobre el control, el poder y la paranoia ejemplificada en una familia criada al margen de las leyes humanas y en la que imperaba la ley (paterna) del más fuerte. Después, Lanthimos se lanzó a la aventura de salir de su país natal y empezar a contar con actores de primera fila y convertirse en cabeza de cartel de los principales festivales internacionales. Así llegaron Langosta (The Lobster, 2015) y El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, 2017), de nuevo con el denominador común de las relaciones humanas llevadas al límite y un tono inquietante entre la comedia negra y el drama existencialista que descoloca y atrae a partes iguales.


Con La favorita, Lanthimos se atreve por primera vez con un material que no ha sido escrito por él ni por su guionista de cabecera Efthymis Filippou. En esta ocasión parte de un guion firmado por Deborah Davis y Tony McNamara y nos adentra en una época bastante poco representada por el cine como son los primeros años del siglo XVIII, en una puesta en escena de interiores suntuosos y estética rococó que enseguida remiten a Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975) o Las amistades peligrosas (Dangerous Liaisons, Stephen Frears, 1988), por poner solo un par de ejemplos. Como ocurre en su cine más reciente, Lanthimos se recrea en la construcción de planos deliberadamente esteticistas y, en esta ocasión, se atreve incluso con algunos encuadres con ojo de pez, que dan la sensación de estar observando a los personajes a través de una mirilla. Porque La favorita se cuela en los aposentos privados de la reina Ana, una de las biografías más desdichadas de la historia de Inglaterra y a la que da vida de forma magistral Olivia Colman. A su lado (y encima, y debajo), Sarah Churchill (Rachel Weisz), su mejor amiga y confidente hasta la aparición de una sirvienta llamada Abigail (Emma Stone) que trastoca la relación y el equilibrio entre las primeras.


A diferencia de lo que sucedía con El sacrificio de un ciervo sagrado, su film anterior, mucho más solemne y grave, La favorita adopta a veces un tono de comedia más ligera, remarcado por las situaciones absurdas que se podían dar en las cortes de las monarquías absolutas, en las que la extravagancia estaba a la orden del día. No obstante, la película se estructura en base a los juegos de poder, dependencia y manipulación que establecen las tres protagonistas, que no escatiman en hacer cualquier cosa para su propio beneficio. Lanthimos quizá no llega a los niveles de perturbación de sus películas anteriores, y el poso que deja la cinta es menos duradero. Sin embargo, La favorita destaca por la impresionante interpretación de sus tres actrices principales, y Lanthimos también es capaz de dejarnos boquiabiertos (marca de la casa) con su plano final, tan bello como ambiguo.

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