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La nueva película de Woody Allen sí se podrá ver en Europa



Los tiempos en los que Woody Allen era capaz de rodar y estrenar sin problemas una película cada año parecen haber llegado a su fin. Desde que en 1981 no hubiera película suya -el tiempo que pasó entre Recuerdos (1980) y La comedia sexual de una noche de verano (1982)-, el director neoyorquino encadenó 37 películas consecutivas, hasta el estreno de Wonder Wheel (2017). Sin embargo, 2018 fue su año más aciago, que comenzó con la denuncia de Dylan Farrow, la hija que adoptó con Mia Farrow, que acusó públicamente a su padre de haber abusado de ella en su infancia.


Estas acusaciones se refieren a unos hechos que presuntamente se remontan a 1992, y que fueron investigados en su día por las autoridades de los estados de New York y Connecticut, sin que ninguno de los dos emitiera un veredicto de culpabilidad contra Allen. No obstante, las palabras de Dylan Farrow en enero del año pasado se produjeron en un contexto de plena efervescencia de los movimientos #MeToo y #TimesUp, y poco después de que estallaran los escándalos de Harvey Weinstein y Kevin Spacey. Es decir, en un ambiente de mayor conciencia y denuncia de los abusos sexuales dentro de la industria del cine, que pusieron al descubierto una práctica institucionalizada en la que muchas actrices se vieron involucradas, y que ha marcado un antes y un después en la necesaria lucha contra la discriminación y el abuso.


Tanto es así, que Woody Allen pasó a engrosar la lista negra de personalidades del mundo del cine, pese a que las investigaciones sobre el presunto abuso sexual contra Dylan Farrow nunca pudieron demostrar dicha circunstancia (que incluso fue negada abiertamente por Moses Farrow, otro de sus hijos adoptivos, quien además acusó a Mia Farrow de "lavar el cerebro" de sus hijos para ponerlos en contra de Allen). Sin embargo, no fueron pocos los actores y, sobre todo, actrices que reconocieron públicamente su arrepentimiento de haber trabajado con Woody Allen, y su negativa a hacerlo en el futuro. Nombres como Mira Sorvino, Ellen Page, Greta Gerwig o Rebecca Hall, entre otros, no tuvieron dudas en creer la versión de Dylan Farrow y llamar al boicot laboral contra el director de Annie Hall (1977).


Antes de que el ambiente se enrareciera cada vez más, Woody Allen había firmado un contrato con Amazon Studios en 2016, para rodar su primera incursión en el mundo de las series de TV. El gigante de la distribución, que acababa de inaugurar su aventura en la producción audiovisual, quería así competir con Netflix o HBO en la creación de contenido de calidad, pero Crisis en seis escenas fue un fracaso absoluto de crítica y público. A regañadientes, la empresa de Jeff Bezos tuvo que tragar con la cláusula del contrato que incluía además la producción y distribución de cuatro largometrajes, pero en la práctica solo lo cumplió con dos de ellos: Cafe Society (2016) y Wonder Wheel (2017). La tercera película es A Rainy Day in New York (2019), que Allen terminó de rodar hace unos meses y Amazon se niega a distribuir en Estados Unidos por el miedo a la influencia mediática negativa que pudiera tener unir su nombre al de Woody Allen. Como respuesta, el veterano realizador ha interpuesto una demanda contra Amazon por incumplimiento de contrato que asciende a los 68 millones de dólares.


No obstante, en Europa sí se podrá ver en salas la película protagonizada por Elle Fanning y Timothée Chalamet (quien, por cierto, también se ha sumado al arrepentimiento público de haber trabajado con Allen). En el caso español, ha sido la distribuidora A Contracorriente Films la que se ha hecho con los derechos de distribución de la cinta, y la estrenará en cines el próximo 4 de octubre. Será una de las pocas (y quien sabe si la última) oportunidades de ver en pantalla grande el film del que otrora fuera director de visionado obligatorio por el gran público, pero que en este momento, y a sus 83 años, llega al ocaso de su carrera en sus cotas más bajas de popularidad. Tanto es así, que la semana pasada también supimos que hasta cuatro editoriales han rechazado publicar sus memorias, que hace solo un par de años se habrían cotizado a precio de oro. Habrá que ver si esta situación acaba con la carrera de Woody Allen o si, por el contrario, el director de Manhattan (1978) confirma los rumores que apuntan a que podría estar en pleno proceso de preproducción de otro largometraje que, además, podría ser rodado en España.

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