• Jaime Estrela

Madre naturaleza



En la pasada edición del Festival de Cannes, el jurado de la sección Un Certain Regard decidió otorgar una mención a la originalidad a la película Lamb (Valdimar Jóhannsson, 2021). Una mención que, como tal, no se había dado hasta ahora en el festival. Unos meses después, también en la costa mediterránea, pero esta vez en suelo catalán, la misma película se alza con el mayor galardón del Festival de Sitges. Este recorrido por festivales cargado de reconocimiento hace que su director sea alguien de quien estar pendiente como autor. No obstante, a pesar de que Lamb es una opera prima, Jóhannsson tiene amplia experiencia en Hollywood como técnico de efectos especiales. Aparentemente, al ser una película ambientada en una granja de cabras en un lugar muy rural de Islandia, puede parecer algo similar a Rams (Grímur Hákonarson, 2015), que se llevó el premio a la mejor película en la misma sección de Cannes en 2015. Pero más allá de un contexto similar, Lamb se acerca a otro tipo de propuestas actuales que utilizan leyendas locales para renovar el género de terror.


Lo ideal antes de ver esta película, sería saber lo menos posible sobre ella, huir de los tráileres y las imágenes promocionales, para ir descubriendo poco a poco su argumento que, como su premio en Cannes indica, es bastante original. Noomi Rapace es la protagonista de esta historia, se nos presenta como una mujer que prioriza formar una familia ante cualquier cosa, a pesar de las consecuencias. La actriz sueca se pasa al islandés y demuestra no sólo versatilidad lingüística (este año en Sitges presentó otra película en la que hablaba noruego), sino que nos ofrece un registro dramático alejado de los personajes de acción a los que nos tiene acostumbrados con sus últimos trabajos en Estados Unidos. Es una película pausada, sin grandes florituras narrativas, pero muy medida a nivel visual. Sin embargo, Rapace sabe desenvolverse con soltura y, junto con el director, consigue que el espectador haga un ejercicio de suspensión de incredulidad que muchas obras de género fantástico desearían.


Aunque su argumento sea original, no deja de tener una narración bastante clásica, la virtud de esa originalidad es poder integrarla en un drama familiar convencional, y de este modo, tratar el tema de la paternidad de forma inquietante, suscitando una intriga que mientras se visiona el film no se sabe si se va a resolver. Las preguntas que plantea Lamb provocan que el espectador se posicione, no solo en cuánto a qué haría como ser humano ante esa situación, sino qué haría como figura materna, generando empatía tanto con las personas como con los animales. ¿Es menos padre o madre un animal solo por el hecho de ser un animal?


Es difícil encasillar a este drama familiar en un único género, porque, aunque haya elementos fantásticos y una incógnita, Lamb podría encajar en el género de terror por su estructura. Sin desvelar detalles sobre el argumento, como en la mayoría de las películas de este último género, tiene una introducción muy larga hasta que entra el elemento perturbador, y una vez entra, los personajes no tienen un objetivo que haga avanzar la trama, sino que se dedican a reaccionar ante elementos externos para mantener un estado de confort. Este tipo de estructuras suele poner punto final en el clímax, dejando al público sin una solución final ni un epílogo. Esta película, a pesar de que su sorprendente final pueda plantear más incógnitas sobre la deriva de la historia, y por ello, pueda parecer incompleto, no deja de ser una estupenda tesis sobre la relación de los seres humanos con la naturaleza.


Lamb funciona como parábola profética, gracias al aspecto terrorífico de lo que cuenta, Jóhannsson nos advierte de que, si el ser humano se apropia de la naturaleza, esta optará por vengarse. Y es que, en el fondo, la naturaleza es madre y como el personaje de Noomi Rapace hará lo que sea por sus criaturas.