• rubigiraldezgonzal

Los muertos de la guerra


En nuestra rica y particular tradición de fantaterror audiovisual, es cierto que nos ha costado bastante más prodigarnos en trabajar con la exitosa figura del zombi antropófago diseñado por George A. Romero. Así es como nuestra particular revisión de la fundacional La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) resulta una adelantada muestra de ecoterror como No profanar el sueño de los muertos (Non si deve profanare il sonno dei morti, Jorge Grau, 1974). Podríamos destacar además los templarios resucitados sin ojos de Armando Ossorio que nos asediaron unos cuantos años a partir de La noche del terror ciego (1972), hasta tener que esperar a la visión apócrifa cañí de los Demons de Lamberto Bava de Jaume Balagueró y Paco Plaza con la saga [•REC].


Nuestra mayor factoría de historias de muertos vivientes nos la encontramos realmente en la narrativa. Habiendo vivido el conocido Boom Z de principios de siglo que auspició Danny Boyle con su escalofriante actualización vírica 28 días después (28 Days Later, 2002), que se juntaría al remake de Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, Zack Snyder, 2004) hasta llegar al reinado televisivo de The Walking Dead (2010-2022). Fue en las páginas de novelas, en su mayoría provenientes de la editorial Dolmen, que incluso inauguró toda una línea editorial a estos manuscritos. Aparte de los tantos sucedáneos de recontar los inicios de un Apocalipsis Z y (per)versiones a la zaga de Orgullo, prejuicio y zombies, nos topamos con verdaderas muestras de genialidad aún a redescubrir a día de hoy si tenéis la oportunidad.


Hasta esta película que nos ocupa, solo Juan de Dios Garduño había logrado una adaptación cinematográfica para su Y pese a todo… con Extinction (Miguel Ángel Vivas, 2015). La novela de Noche de difuntos del 38 de Manuel Martín Ferreras es la nueva escogida para dar su salto a la gran pantalla. La cual aún se hizo esperar bastante para su velado estreno en cines tras los continuos retrasos tras inaugurar la 53º edición del Festival de Sitges y la dejadez promocional de la casa televisiva coproductora de turno (a pesar de que también han llegado a realizar un videojuego ligado a la producción). Teniendo ahora una necesaria nueva oportunidad de calar mejor en la audiencia con su desembarco en Netflix.


Rebautizándola como MalnaZidos (Javier Ruiz Caldera, Alberto de Toro, 2020), la película parece querer dejar bien claro de entrada su tono derivando a una delirante y oscura desventura por mucho que se ambiente en la sempiterna Guerra Civil española. Episodio negro de nuestra historia reciente que es una de las grandes fuentes recurrentes de nuestro audiovisual. Quizás sí que exista mayor reparo en zombificar este conflicto que la parte nazi de la 2º Guerra Mundial. Pero si en pleno 2022 no podemos echar un buen rato con una película que decide aparcar los odios y prejuicios de bandos para detener una amenaza de muertos vivientes que solo entienden el rojo de los entresijos de los vivos como almuerzo, merienda y cena, no creo que hayamos avanzado nada desde entonces.


Si bien recuerdo que en la lectura de la novela original de Manuel Martín aún lograba sobresalir un sentimiento algo más apesadumbrado y tomándose algo más en serio el alzamiento de los muertos de ambos bandos del conflicto, seguía presentando una pátina de comedia negra cañí que aquí se decide potenciar de forma lógica, y para bien. Dejando de lado el meterse de más en camisa de once varas con supurantes disputas aún a día de hoy contando sencillamente con un recurso visual en el mcguffin que da inicio a esta inusual Noche de Difuntos (o incluso integrando la siempre confiable maquiavélica presencia teutona pulp). Bien alejada de aprovechar la propuesta para realizar una lectura anti belicista de género algo más intrincada como podría ser la sátira putrefacta El ejército de los muertos (Homecoming, 2005, Joe Dante) de la serie antológica de TV Movies Maestros del horror (Masters of Horror, 2005), o el rabioso manifiesto a través de los vívidos pasajes de ultratumba de los Yo acuso de Abel Gance. MalnaZidos resulta una aventura bélica de terror de aires comiqueros en mejor sintonía que la desaprovechada Overlord (Julius Avery, 2018). Con menos medios e inventiva para caracterizar a sus enemigos antropófagos, pero desde luego demostrando de principio a fin un estilo de gozoso y divertido macarreo, el cual se representa a la perfección en el particular grupo de guerrilleros contra la amenaza no muerta ibérica. Con personajes como un bigardo que asegura haber sido criado en el seno de la madre Rusia (pero no escucharle hablar en ese idioma ni por asomo), el patoso pero valeroso novatillo, el total anti héroe de Miki Esparbé que pasa de ser apenas un triste chupatintas a hacerse el cursillo avanzado “Ash Williams” en menos de media película… Por no hablar de los dos personajes femeninos entre los cuales destaca sobre manera la arrebatadora Sor Flor de María Botto por encima de la Matacuras de Aura Garrido, que duele comprobar que no lograron hacer mucho más con su personaje en su salto a la gran pantalla.


MalnaZidos busca una sencillez y simpleza que suponen su mayor acierto si se realiza con la buena solvencia mostrada por la pareja de cineastas detrás de las cámaras. Un curioso binomio en el que tenemos a un director de conocidas comedias patrias como las adaptaciones de Anacleto: agente secreto (2015) y Superlópez (2018), Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro. Desconozco si en ambos casos su gusto y pasión por el género fantástico y de terror es tan fuerte o si se han sabido compenetrar para llevar a buen puerto una producción de género como tanta falta nos hace en nuestro cine actual. Cierto que la película se amolda a unos set pieces de acción muy “plantilleros” incluso en su bombástica recta final, donde se da todo el despliegue técnico que se racionó hasta el momento. Pero en todo caso se siente ese bienvenido espíritu de serie B que llega hasta llevar su mayor referente al plano sonoro cuando emplean cierto tema musical de Vampiros de John Carpenter (John Carpenter's Vampires, John Carpenter, 1998), permeándose realmente a la historia y no solo siendo un cómplice guiño cafetero.


Cuanto menos, MalnaZidos debería celebrarse por saber llevar su propuesta de forma enérgica y sin que el ritmo se resienta en ningún momento. Pero realmente habría que apreciar que podría conseguir su agradecido hueco en las muestras de cine zombi reciente (que está más dominado por los confines asiáticos). Sí, sin demasiado alarde en su planteamiento, pero con un gran arrojo en su producción que espero que se tome de ejemplo. Desde luego, si es por obras originales de base de este género que adaptar, que investiguen nombres como Darío Vilas, Alejandro Castroguer, J. E. Álamo, Sergi Llauger, Juan Miguel Fernández... España aún puede permitirse vivir su Boom Z audiovisual.