• Abel Campillos

Una serie la mar de buena



He cometido el error de emocionarme con una serie de Netflix: Mar de la tranquilidad (The Silent Sea, Choi Hang-Yong, 2022) y es que viendo los recientes anuncios de la compañía lo mejor es ir lamentándome del futuro anuncio de su cancelación y el golpe será menos duro.


Se trata de una serie coreana de ciencia ficción espacial que flota entre dos tonos: la intriga científica con sus experimentos en pantallas digitales y el drama humano. La vida en la tierra está viviendo sus últimos instantes y el agua se ha convertido en un recurso escasísimo, hasta el punto de que su adquisición separa a las clases sociales. Lo interesante es que ante este planteamiento la serie abandona la tierra y su premisa apocalíptica y despega hacia una abandonada estación espacial donde parece estar la última esperanza de la humanidad.


Mar de la tranquilidad es un original de Netflix, de presupuesto modesto, que explota las cualidades narrativas que permite su modelo tradicional de producción. Por tanto, puede que estemos antes una de las últimas de su especie, esa segunda división de series muy interesantes de Netflix con pocas temporadas y capítulos, pero que enriquecen su catálogo si uno busca más allá del primer vomito del algoritmo.


El reparto está compuesto de actores ya vinculados a la marca de Netflix como Bae Doo-na y Gong Yoo, esa especie de star system internacional con el que pretende sostener su dominio global. Mencionar las actuaciones no es casual, porque si bien parece que con El juego del calamar (Ojing-eo geim, 2021) perdonamos colectivamente las excentricidades tan habituales en las ficciones coreanas con esta manera de actuar y de escribir a los personajes protagonistas, suele ser una de las barreras para el público occidental. En Mar de la tranquilidad solo hay un personaje que se sale de tono, y estando bastante moderado y suavizado hace las funciones de un alivio cómico habitual. Y en cambio son sus dos personajes principales, interpretados por los actores comentados antes, quienes sustentan magistralmente el tono dramático de la serie e invitan a continuar en la trama más allá de querer resolver las intrigas, ver el último delirio de acción y adentrarse en el mundo planteado.


Y es en esa premisa y en su rico mundo planteado donde más se agradecen la decisión productiva de emitir en streaming la serie entera. Porque con ese modelo de emisión donde se le resta importancia al capítulo piloto, se ha creado una narración propia para las series de Netflix. Y Mar de la Tranquilidad, como ya lo hizo su compatriota El juego del calamar, dedica el primer capítulo a permitirse ralentizar, abrir tramas y dedicar el capítulo prácticamente entero a la construcción de un universo en particular que explotará de manera descomunal en el resto de los capítulos. Y con este peso que hemos visto conseguir en el primer capítulo, a lo largo de los otros siete episodios se transmite una sensación física de sed y responsabilidad de la especie humana en el espectador. Esto permite que la parte de ciencia ficción crezca sobre una base personal y se pueda mezclar con diferentes tintes y tramas donde a partir de tres ingredientes habituales como son el espacio, la ciencia ficción y el terror se resuelvan ciertas tramas de una manera diferente y original.


Especial atención al apartado del terror, que evoluciona del home invasion espacial que hemos visto en Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979) o su renovada versión Life (Daniel Espinosa, 2017), a una situación donde ahora son los humanos los que esta vez hemos invadido la nave y los héroes han elegido por necesidad, ambición, curiosidad o por diferentes motivaciones personales, adentrarse en el peligro. Si bien esta trama tampoco es la más original del mundo, como se puede ver en el maravilloso y muy recomendable corto de culto de animación: Rosa magnética (Kanojo no omoide, Kôji Morimoto, 1995).


Un peligro rodado entre cuatro o cinco paredes, dos salas y un pasillo que, aunque a veces da la sensación de que de una situación a otra dan la vuelta sobre ellos mismos, consigue transmitir la claustrofobia de estar atrapado con lo desconocido y en el que no se sabe que sucederá cuando los personajes acudan a la última llamada de socorro. Un espacio reducido, pero en el que hay espacio para la acción. Y a estas alturas, cuando hemos visto tanto, parece que los realizadores coreanos aún siguen encontrando formulas para hacer que, sin caer en el gore, notemos el dolor de la muerte de formas retorcidas y originales.


Mar de la tranquilidad es en definitiva una serie donde sádicamente se pone a la humanidad en sus instantes finales, representados por unos personajes complejos a los que cada poco tiempo se les pone un nuevo peligro que resolverán en diversas direcciones y con resultados no siempre previsibles ni favorables, y que desestabilizarán la mente de unos personajes ya tensados hasta el extremo.