• Abel Campillos

Mostra de València 2021 - Día 3


Heavens above


Hasta seis países coproducen Heavens above (Nebesa, Srdjan Dragojevic, 2021), más extraño aún si aclaramos que cinco de ellos son repúblicas pertenecientes a la antigua república socialista de Yugoslavia. Por eso no es de extrañar que la historia suceda en un lugar sin nombre e identificable que solo podemos situar por el idioma, el carácter medio balcánico, medio mediterráneo y las referencias a una guerra dejada atrás por los personajes más viejos.


En este no lugar tan reconocible sucede algo que cualquiera identificaríamos como un milagro: en un campo de refugiados, a un buen hombre, exmilitar y comunista, le surge un halo en la cabeza. La primera reacción de la mujer es intentar quitárselo con lejía e identificarlo como un error del Todopoderoso, y empuja a su marido a pecar para hacer entrar en razón a Dios.


Desde este momento la película es una ida y vuelta de sentimientos desde la risa de ese grandullón bebiendo por primera vez en su vida a la angustia y el rechazo por pegar a su mujer –a petición de ella–, todo en la misma secuencia sin corte. A este primer pecado le siguen otros dos en una película que pretende contar una histórica bíblica, diferenciando incluso Antiguo y Nuevo Testamento, y cargando toda la película de referencias religiosas como el becerro de oro o el mesías sacrificado por los pecados de los hombres referenciados en el consumismo y el liberalismo.


La explicación dada por el propio director es que la película responde a una situación vivida en los nuevos países que recuperan una fe escondida por la revolución socialista y que surge ahora con ritos extraños y reinterpretaciones casi paganas que recuerdan a la de los primeros cristianos. Una buena película difícilmente clasificable, provocadora pero respetuosa, sin género claro, pero fantástica, ambientada en el pasado, pero con un final en el futuro cercano, dramática, violenta y dura pero que provoca carcajadas, una mezcla continua y muy interesante.

Playlist y Le monde aprés Nous


No sé si ha sido intención explícita de la Mostra de València o conexiones que se han hecho al ver una seguida de la otra, pero las dos propuestas francesas parecen dialogar y responderse la una con la otra. Ambos tienen un protagonista millennial que se enfrenta la precariedad en sus trabajos, ambos sufren una entrevista laboral con preguntas estúpidas para un trabajo por el que están sobreformados académicamente para cobrar el salario mínimo, pero con la exigencia de compromiso con la familia que es la marca, y para más inri ambos tienen el sueño de progresar en una industria artística. La protagonista de Playlist (Nine Antico, 2021) en el mundo del cómic y el protagonista de Le monde aprés nous (Louda Ben Salah-Cazanas, 2021) como escritor.

En la producción ambas películas suponen el debut cinematográfico y autobiográficos de la directora y el director, las dos con un presupuesto rondando los diez millones de euros. Y, sin embargo, la historia del escritor acaba resultando mucho más interesante.


Playlist es una película que si se hubiese estrenado en el 2015 quizás ya llegaría en una corriente cinematográfica pasada de moda. Da la sensación –y las palabras del productor después de la proyección lo confirman– que en todo momento quiere que la comparen con Frances Ha (Noah Baumbach, 2013) y con la corriente de películas indie que la sucedieron.


Y, por consiguiente, lo mejor sin duda de la película es ese blanco y negro que crea imágenes muy potentes, preciosas e interesantes que auguran un futuro cinematográfico muy esperanzador. El problema de la película es el tono, demasiado optimista para la situación que está mostrando, para la dura situación que está pisoteando a su protagonista y a sus amigas, un humor que (excepto con una maravillosa secuencia con un maniquí de reanimación) no acaba de funcionar y pasa muy por encima con la realidad material, sus personajes no es que no usen móvil, sino que llegan a escuchar música en vinilo. No hay evolución en ese personaje que es pobre, pero lo va a seguir intentando mientras termina siendo pobre y continua intentándolo, solo vemos un pequeño momento casi insignificante y sin sentido en una trama anodina que no cuenta más que su propio contexto, salpicada con reflexiones sobre feminismo, sexo y amor romántico bastante repetidas.


Y ahí está la gran diferencia de Le monde aprés Nous: más allá de su contexto hay una preciosa historia de amor, la historia mas antigua de las narraciones (chico conoce a chica), pero acuchillada y atravesada por un contexto de violencia capitalista, y con un tono dramático que sienta muchísimo mejor a personajes y situaciones muy parecidas, renunciando al humor incómodo de la primera por la rabia empática de la segunda.


El protagonista no es que no triunfe y tenga que trabajar de camarero o de vendedor de gafas, es que no tiene ni para pagar el alquiler ni para llenar la nevera. Filmada con un estilo mucho más crudo, en casas pequeñas, sucias y compartidas, no destaca en exceso y pone todo el peso en esa más que interesante historia de resistencia y verdadera prueba de amor. Como curiosidad (y permitiéndome un pequeño spoiler), el escritor, que a diferencia de su contrapuesto dibujante de cómic, consigue triunfar y publicar. Escribe un libro que recuerda muchísimo y que provoca las mismas reacciones a ese del que todo el mundo parece hablar y que imitando la realidad a la ficción o al revés empieza así: “Me da envidia la vida que tenían mis padres…”.