• Abel Campillos

Lo que el pulpo me enseñó


En las largas tres horas y media que dura la gala de los Oscars se reparten premios que muchas veces se consideran menores y poco más que guiños a la globalidad de la industria cinematográfica y, por lo tanto, sus ganadores pueden pasar desapercibidos. Estoy pensando en esta ocasión en el premio a Mejor Documental.


Normalmente, por las características reivindicativas y políticas del género, es un premio que suele llevarse una película sobre una temática política estadounidense o un héroe cotidiano americano: American Factory (Steven Bognar, Julia Reichert y Jeff Reichert, 2019) o Free Solo (Elizabeth Chai Vasarhelyi, Jimmy Chin, Evan Hayes y Shannon Dill, 2018) serían buenos ejemplos. Pero este año entre las nominadas se encuentra una película sobre la relación entre un fotógrafo sudafricano y un pulpo.


My Octupus Teacher (Lo que el pulpo me enseñó, Pippa Ehrlich, James Reed, 2020) ya ha ganado el premio BAFTA a Mejor Documental y, si la academia no engorda su enorme lista de películas que merecieron un Oscar y se quedaron sin estatuilla, el próximo día 25 de abril ganará el Oscar. O al menos eso deseo…


La enorme grandeza de la película reside, paradójicamente, en su sencillez. Tan aparentemente simple es, que el pulpo, protagonista indiscutible del film, ni siquiera es de una extraña especie en extinción o con una malformación entrañable, es un simple y común invertebrado de ocho patas, un Octopus vulgaris. Y su metafórico alumno es un fotoreportero para la BBC que hace sus incursiones marinas solo con una cámara subacuática y dos pares de aletas. Por lo tanto, el montaje, los cortes y toda la tensión dramática está inevitablemente vinculada a su única necesidad vital: salir a respirar.

Esto crea unas secuencias muy interesantes, pues en ocasiones inevitablemente niega al espectador lo que quiere ver y cuando la cámara vuelve al lugar de la acción solo somos testigos de las consecuencias, haciéndolo todo más dramático.


El documental disponible, producido y distribuido por Netflix, tiene su origen en la prestigiosa cadena documental BBC Earth, y se nota en ese enorme estándar de calidad con esas imágenes grabadas a 4K que dejan la boca abierta. Craig Foster, el protagonista humano, era uno de los múltiples reporteros distribuidos por todo el planeta que se encargaban de filmar la diversidad terrestre. Por su privilegiada situación en el Cabo de Buena Esperanza, él era el encargado de la vida en el mar sudafricano, y a lo largo de su experiencia profesional había aprendido que la mejor manera de rastrear animales era ir lo más natural posible, de ahí su limitado equipo. Todo empieza cuando un día se encuentra a un pulpo protegiéndose de sus depredadores con una armadura de piedras y conchas que sorprende a los científicos de todo el mundo. Fascinado, decide seguirle.



A partir de ahí la premisa no es diferente de la de un documental de mediodía de La 2 de la televisión pública española. La narración sigue y empatiza con un único espécimen de un animal, donde con la obligación ética de no intervenir por parte del documentalista, los vaivenes habituales del ecosistema, el comer y no ser comido, se convierten en los giros dramáticos y un pequeño tiburón en el enemigo más odiado de los últimos años en televisión.


Las lecciones que Craig Foster aprende son trasmitidas desde un temprano encuentro en que el animal rompe la barrera del contacto físico y el documental lo trata prácticamente como un encuentro sentimental e incluso erótico, lo que abriría una pequeña esperanza al Oscar porque ya premiaron La forma del agua (The Shape of Water, Guillermo del Toro, 2017). De ese encuentro nacerá una imposible relación preciosa que se vive sorprendentemente con la emoción en un puño entre un vertebrado y un cefalópodo, acompañado con mucho atino de una banda sonora de Kevin Smuts que trata su relación como una historia más de amor entre las cientos que hemos visto en la historia del cine, con temas con nombres como First contact, She ignited my curiosity o Pretty extraordinary things, lo que te hace pensar que si este pobre hombre va a Galicia le da una depresión.