• rubigiraldezgonzal

One (More) Last Time (parte 1)


Una historia de ficción puede funcionar como algo más que un sencillo entretenimiento y fuente de inspiración. También puede suponer un puro y sincero ejercicio de catarsis con la que el mismo creador puede exorcizar sus problemas personales, traumas y miedos más arraigados, tratando de llegar a conectar con el receptor de la historia de forma aún más personal. Fue así como a inicios de la década de los noventa en Japón, el estudio de anime Gainax, quien parecía haberse asentado de buena forma en el mundillo desde sus modestos inicios en la década pasada, estaba a punto de precipitarse hacia su abrupto cierre como fue el caso de tantas otras empresas de cualquier ámbito en el país, debido a la sonada crisis económica de aquel entonces. En esas circunstancias se vieron obligados a echar abajo la realización de una jugosa continuación cinematográfica de una conocida franquicia anime de ciencia ficción al verse superados por los costes de producción. Pero al decidir cancelar este proyecto, otro nuevo surgió directamente de uno de los cofundadores de la compañía. Hideaki Anno comenzó a desarrollar lo que en 1995 se conocería finalmente ante todo el mundo como Neon Genesis Evangelion. El inicio de una franquicia involuntaria a la evidente intención primaria del propio creador para con su obra original, que finalmente parece llegar a una verdadera conclusión para el mismo Hideaki Anno con Evangelion: 3.0+1.0 Thrice Upon a Time (Shin Evangerion Gekijoban, Hideaki Anno, Kazuya Tsurumaki, Masayuki, 2021). Cuyo estreno internacional se ha dado mediante la plataforma de streaming de Amazon Prime Video, logrando ser el mayor estreno y fuente de visionados en la reciente historia de la plataforma. Lo cual, más que ser un dato a tener en cuenta sobre la monumental fortuna de Jeff Bezos, será clave para comprender mi tesis en estas líneas.


Situación impensable que en 2021 Evangelion generase tanto movimiento en las redes (y fuera de ellas). Con opiniones conciliadoras con la historia y sus personajes, cuando ni hace una década no se podía hablar y valorar positivamente la obra sin aguantar el menosprecio y los memes de espectadores de anime actual totalmente complacientes con la enésima obra manufacturada de insufribles héroes monotemáticos, rodeados de cuanto más elenco de personajes femeninos sumisos mejor. Los cuales, tristemente, sustentan actualmente la industria.


Hay que hacer bastante inciso en la concepción y desarrollo del anime original de Neon Genesis Evangelion (Shin Seiki Evangelion, Hideaki Anno, 1995-1996). La mentada crisis económica afectó al país del Sol Naciente como le ocurriría al resto del mundo unos años después. Hideaki Anno no era la persona más estable, emocional ni mentalmente de la industria, y menos en Gainax. El tener entre manos el proyecto que podría suponer la salvación o fin definitivo del estudio, aunado a cuestiones presupuestarias y de urgencia de fechas ya totalmente estudiadas, afectaría a cualquier creador. Pero además, en un inicio se buscaba que este nuevo anime estuviera ligado a uno anterior de Gainax, e incluso el mismo Hideaki quiso trasladar el tema principal de la fallida película de Aoki Uru a su propuesta original. A pesar de que este cúmulo de circunstancias e indecisiones no afectaron de más al creador, este sí que no pudo evitar caer en un estado depresivo para el que utilizó la creación y desarrollo de Neon Genesis Evangelion para tratar de superarlo.


Lo que a simple vista parece un anime más del género mecha (robots gigantes), o sencillamente una deconstrucción del mismo sin más, oculta un profundo y descarnado estudio psicológico de todo su plantel de personajes como nunca antes se había visto realmente en el medio; a excepción de la adaptación cinematográfica de Ghost In The Shell (Kokaku Kidotai, Mamoru Oshii, 1995) estrenada en el mismo año. Poco después ya tendríamos esa completa madurez con la proliferación de obras como Serial Experiments: Lain ([serial experiments lain], Ryutaro Nakamura, 1998), la filmografía de Satoshi Kon, Monster (Monsutâ, Masayuki Kojima, 2004), Ergo Proxy (Erugo Purakushî, Shuko Murase, Tatsuya Igarashi, Hiroki Kusumoto, Akira Toba, Kei Tsunematsu, 2006), entre otras.

Los deseos y temores más ocultos en el interior de cada ser humano, la ansiedad, la depresión, los traumas infantiles, la concepción y significado de la misma identidad… Neon Genesis Evangelion busca mostrar y explicar estos temas y cuestiones que aún a día de hoy como sociedad no abordamos tanto como deberíamos, más que el querer construir ese intrincado universo metafísico de ciencia ficción tecnorgánica, plagado de un sinfín de referencias judeocristianas y cabalísticas en el que muchos se pierden sin remedio.


Por supuesto que el lanzamiento de Neon Genesis Evangelion en su país de origen funcionó desde el primer momento y tuvo una gran acogida. Aunque muchos espectadores se quedasen rascando apenas en la superficie de la obra, el apesadumbrado tono general que desprendía la serie parecía conectar totalmente con el triste y tenso ambiente de ese Japón asfixiado financieramente. Acompañado de desgracias tales como los atentados con gas sarín en el metro de Tokyo a cargo de una secta apocalíptica, justo en el mismo año de emisión del anime.



Aun aguardando las opiniones occidentales con la distribución internacional del anime, para quienes este mundo aún se resumían en haber logrado ver Akira (Akira, Katsuhiro Ōtomo, 1988), Dragon Ball (Doragon bôru, Akira Toriyama, 1986-1989) o algún hentai hiper violento de importación. O en consumir de forma inconsciente coproducciones europeas como Heidi (Alps no shojo Heidi - Arupusu no shôjo Haiji, Isao Takahata, Atsuji Hayakawa, Yoshio Kuroda, 1974) o Las aventuras de la abeja Maya (Mitsubachi Mâya no Bôken, Hiroshi Saitô, Seiji Endô, 1975-1976), obviando durante muchos años sus raíces japonesas. La misma audiencia nipona no se mostró tan receptiva como se esperaba a la plenitud de Neon Genesis Evangelion. Sobre todo con sus últimos dos episodios, donde Hideaki Anno llevó la experimentación con el medio que había estado manejando a lo largo del anime hasta límites que parecían impensables; totalmente acordes con el momento clave de la historia que trata de recrear, dicho sea de paso.


Gainax, quien ya empezaba a ver Evangelion como esa jugosa franquicia del manganime actual, buscó, además de realizar la habitual película recopilatoria de rigor (OVA), contentar a esa audiencia disconforme con una relectura fílmica de los episodios de la discordia. Evangelion: Death and Rebirth (Shin seiki Evangelion Gekijô-ban: Shito shinsei, Hideaki Anno, Masayuki, Kazuya Tsurumaki, 1997) fue algo más que un simple trabajo de última hora en la sala de montaje y edición, ensamblando de forma mínimamente coherente secuencias que tratasen de condensar los 26 episodios del anime. Además de ofrecer nuevos detalles y revelaciones al trasfondo y mitología en forma de material extendido, lo importante era que los pasajes claves de Neon Genesis Evangelion se estructuraban de forma orgánica y ocurrente, como con el ensayo de un recital de música del trío protagónico. Una nueva muestra del talento de Hideaki como narrador tras lo mostrado en el mismo anime mediante un empleo lúcido de los planos estáticos, el uso de claroscuros y composición de escenas que, más allá del tan erróneo y extendido en el tiempo pensamiento de que esto fue debido a los recortes presupuestarios del estudio, formaban parte de la batería de arriesgadas apuestas de Anno para realizar la antítesis de lo que estaba establecido en el medio; más por aquel entonces, aun no logrando escapar de añadir el atolondrado sentido del humor erótico festivo nipón y las ya tan conocidas escenas fanservice. Elevando la obra a esa joya del audiovisual en general para quien escribe estas líneas.



Por su parte, The End of Evangelion (Shin seiki Evangerion Gekijō-ban: The End of Evangelion, Hideaki Anno, Kazuya Tsurumaki, 1997), como ya dijo el mismo Hideaki Anno en su día, es tan solo una visión alternativa del final del anime, pero que sigue contando lo mismo. Si allí el Tercer Impacto se mostraba de forma totalmente introspectiva en el interior de los personajes. The End lo mostraba un poco más desde fuera, con una primera parte en forma de crudo thriller semibélico, con el desesperado asalto a las instalaciones de Nerv por parte de las Fuerzas de Autodefensa Estratégica de Japón. Y una segunda que no rebajó la explosión visual y conceptual metafísica de este trascendental evento apocalíptico, conformando un visionado impactante y de tono más pesimista que el final canónico de Neon Genesis Evangelion. Volviendo así a dividir a la audiencia más allá de las fronteras niponas con el comienzo del desembarco internacional de la obra que, por supuesto, no tardó en ganarse la designación «de culto».


A comienzos del nuevo milenio, el título de Evangelion ya era totalmente conocido en el mundillo, ya fuese por atreverse a visionar el anime y las películas complementarias o por hacerse ideas preconcebidas con según qué comentarios. Los cuales comenzaron a generar bromas y discusiones frustrantes, sobre todo en torno a su personaje protagonista: Shinji Ikari. La frase «Shinji llorón, súbete al EVA de una vez» o la lapidación en torno a la polémica escena del hospital en The End of Evangelion, son los dos grandes epítomes erróneos sobre los que muchos que dicen haber visto Evangelion hasta ese momento, menosprecian la obra de Anno y demuestran una preocupante falta de sensibilidad. El anime no puede dejar más claro ya solo con el primer episodio que Shinji no es otra fantasía heroica de poder e incoherente perfección de esta clase de historias. Por aquel entonces era el personaje más humano y reconocible del anime, un genuino y cruel espejo en el que muchos no querían verse reflejados y mediante el cual muchos espectadores pudimos aprender o llegar a reconocer estados que iban más allá de la simple tristeza y melancolía momentánea. Pensar que un adolescente de 14 años, cuyo único progenitor renegó de él desde tierna edad y que solo es reclamado ante su presencia para obligarle a pilotar un desconocido gigante artificial en contra de aún más extrañas y colosales criaturas, se comportaría de forma distinta a Shinji, es estar totalmente desconectado de la realidad. Menospreciar, o incluso ridiculizar, a un personaje que demuestra claros y preocupantes signos de depresión, ataques de ansiedad y que arrastra un claro abandono y multitud de complejos, ya es estar a la altura de los mismos elementos de la sociedad más despreciables que actualmente están tomando las calles a pleno grito o paliza. Ver en la secuencia del hospital un acto que no sea otro que una desesperada llamada de auxilio e intento de sentir emoción alguna en un momento de total desconexión para el personaje, afirmando que existe una intención sexual (cuando todo en la secuencia está mostrado para que ya el mismo personaje evidencie lo traumático del acto y lo asqueado que se siente él mismo) más preocupante que las tantas escenas de «malentendidos» eróticos tan comunes y excusadas ya de forma auto inconsciente en TODA clase de animes, demuestra una sesgada percepción a la hora de visionar cualquier obra alejada de lo establecido. No por nada, años después veríamos una recepción y opinión más benévola con animes como Tengen Toppa Gurren Lagann (Tengen Toppa Gurren Lagann - Maiking Break-Through Gurren-Lagann, Hiroyuki Imaishi, 2007) o Darling In The Franxx (Darling in the Franxx, Atsushi Nishigori, Toshifumi Akai, Tensai Okamura, 2018), que parecen englobar todo lo que muchos quisieran que tuviese y fuese Evangelion: justamente lo que la convierte en una obra tan especial y valorable en el medio.


CONTINUARÁ...