• Héctor Gómez

Siempre adelante


No matarás (2020), la segunda película de David Victori tras El pacto (2018), comparte con esta su pulso narrativo y la capacidad del realizador catalán para generar atmósferas opresivas y, por encima de todo, plantear al espectador dilemas morales que nos interpelan directamente. Esto es especialmente acusado en el caso de No matarás, porque la película está concebida prácticamente como un videojuego en primera persona, en la que el personaje protagonista, Dani (Mario Casas), se presenta casi como un avatar sometido a las decisiones de un ente omnisciente que le conducen por un camino que se va complicando cada vez más.


Sin embargo, en este juego metafórico entre espectador y personaje, Victori plantea abiertamente una única condición. De la misma manera que Dani adquiere, gracias a la mediación de su hermana Laura (Elisabeth Larena), un billete de avión Around the World que permite viajar por todo el mundo siempre que no se retroceda, la premisa de No matarás implica que su protagonista debe moverse siempre hacia adelante. De esta manera, Dani se embarca en un viaje de difícil retorno en una extraña noche en la que un encuentro casual con una desconocida, Mila (Milena Smit), le lleva a vivir una serie de circunstancias cada vez más comprometidas, marcadas por la compulsión de la huida hacia adelante, la imposibilidad de detenerse y mucho menos de volver atrás.

No matarás, que comparte título con uno de los episodios del Decálogo (Dekalog, 1988-89) que Krzysztof Kieslowski realizó para la televisión polaca, plantea también la situación de un hombre corriente enfrentado a circunstancias excepcionales que le sobrepasan. La película se detiene minuciosamente en presentar al personaje de Dani como un buen chico, abnegado cuidador de su padre enfermo, que ha renunciado a su juventud por esa tremenda responsabilidad, y al que solo la insistencia de su hermana le convence de lanzarse a la aventura y vivir la vida de una vez por todas. Es aquí donde Victori subvierte, con inteligencia, la historia de Caperucita Roja, en la que el lobo feroz es una joven de comportamiento ambiguo que seduce al protagonista al ritmo de Bad Gyal. Era tan fácil como decir un no rotundo al principio de la conversación, pero la curiosidad y la atracción conducen a Dani a una espiral descendente en la que Mila ejerce como vector de su camino hacia los infiernos.


Mario Casas, a quien película tras película se le sigue señalando como el buen actor que es a pesar de los prejuicios suscitados por el inicio de su carrera, soporta en solitario todo el peso de la película. Es el protagonista de todas y cada una de las escenas, en las que la cámara está pegada a su cogote, desenfocando prácticamente todo lo que ocurre a su alrededor para que sintamos que él es nosotros y nosotros somos él, y suframos con él las consecuencias de sus decisiones. A lo largo de su metraje, No matarás se desliza desde el día hasta la noche, desde la luz hasta la oscuridad, desde la impecabilidad moral hasta el delito y el crimen, desde un tranquilo chaval de un barrio tranquilo de Barcelona hasta un hombre que cierra la película mirando directamente a la cámara (a nosotros como espectadores), y cuya mirada nos pregunta sin tapujos: ¿qué habríais hecho vosotros?

La luz contra la pantalla

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