• rubigiraldezgonzal

Nop mires arriba


El caso del ascenso automático en el cine de terror de Jordan Peele desde su debut con Déjame salir (Get Out, 2017), se distancia algo más que otros arrolladores inicios cinematográficos en el género como los de Ari Aster o Robert Eggers. Ya desde el sencillo hecho de contemplar como el primer trabajo autoral completo de este artífice, estaba totalmente desligado de su reconocida carrera previa en la comedia estadounidense (a lo que también se ha sumado John Krasinski con su búsqueda de franquicia con Un lugar tranquilo), demostrando que el género de terror no es tan hermético como lo que algunos quieren asignarle (sí, una vez más, y las que parece que hacen falta). Pero lo más relevante de su fama instantánea fue el inevitable tema de su rabioso discurso racial propio ligado a la trama de género de terror. El cual no pudo ser evitado por la misma Academia, que le otorgó una estatuilla a Déjame salir por su guion original. Insuflando nueva vida al ya no tan desconocido “Horror Noire”, por el cual, en años recientes, hemos visto más demandado hasta por cadenas de streaming como HBO con su defenestrada adaptación televisiva de Territorio Lovecraft (Lovecraft Country, 2020) o la mejor acogida de la reiterativa Them (2021- ) de Prime Video. Con una notable explotación a la que tampoco podemos acusar de más a Jordan Peele, quien ya en Nosotros (Us, 2019), levantaba algo el pie del acelerador en estas temáticas y se acogía totalmente en su gusto por adscribirse a la “escuela” de La dimensión desconocida (The Twilight Zone, 2019) en sus propuestas, llegando a hacerse cargo del último reinicio televisivo de este legendario programa de horror y misterio catódico (aunque, paradójicamente, contando con pésimas opiniones que han hecho que se vuelva a plantear un futuro reboot).


El título más contundente y perfilado del nuevo “Horror Noire”, justamente, se dio con la nueva entrega de Candyman (Nia Dacosta, 2021), para el cual Peele fue parte intrínseca del proyecto de terminar de otorgar a la leyenda urbana viviente, proveniente de los escritos de Clive Barker, el título total de representante fantasmagórico del ciclo de odio y muerte históricos ligada a la población afroamericana presente hasta nuestros días con el movimiento #BlackLivesMatters. Pero se quedó sin el mayor reconocimiento de ponerse tras las cámaras, siendo Nia Dacosta quien ha quedado a cargo de la secuela de Capitana Marvel (Captain Marvel, Anna Boden, Ryan Fleck, 2019).


El retorno completo de Jordan Peele ya ha ocurrido con Nop (Nope, 2022). Película que ha logrado recuperar esa campaña previa a la oficial, con los tantos avances en fotos, trailers o entrevistas, de expectación y teorización que antes se otorgaba mayormente a las producciones de M. Night Shyamalan, cineasta con el que Peele comparte tantos rasgos formales como aspiraciones profesionales de convertirse en otro nuevo “vendedor” de experiencias cinematográficas de grandes sobresaltos como lo fue en su día Alfred Hitchcock.

Aunque realmente en esta ocasión, Nop resulta no estar tan oculta en diferentes capas argumentales que se superponen con la gracia de unos arrugados y pringosos envoltorios de hamburguesería fast food. Lo cual acaba suponiendo, en casos como el mío, uno de los mayores impedimentos para disfrutar de forma global con los dos trabajos previos del director. El cual parece tener total predilección y veneración por los recordados plot twists en los argumentos de las historietas de La dimensión desconocida, y que acaba empleando mal y de más de forma totalmente innecesaria al no poder negarse que Jordan Peele tiene una estupenda buena mano en lo puramente cinematográfico. Habiendo filmado bastantes de las estampas más valoradas y recordadas del género fantástico y de terror de los últimos años con sus dos anteriores films, Nop por fin me ha supuesto un visionado de disfrute general por parte de Jordan Peele. Para nada se puede librar de una notable dispersión en su apuesta argumental, pero siendo esta vez a modo de líneas narrativas que se presentan pero que no acaban empleándose como recursos argumentales de “salvamento” del conjunto en los estadios más culminantes del metraje (se dio a conocer que la película tuvo un remontaje al darse unas proyecciones previas de prueba a público en secreto). Esto no empaña la propuesta troncal, la cual también podemos achacar que es la menos inspirada hasta ahora por Peele en su concepto global. Pero en esta honestidad y compromiso total por hermanarse de forma pura con el género, la película alcanza un mayor éxito en su disfrute general de multisala. Lo cual tampoco significa que el director amolde para nada sus narrativas, temáticas y personajes en lo formulaico y conocido. Sí que Nop recupera la quintaesencia de la miríada de producciones de terror y ciencia ficción surgidas a mediados del pasado siglo por diferentes temores y paranoias sociopolíticos de la época. Redirigiendo y enlazando su labor discursiva de género a través de la ominosa y misteriosa amenaza en los cielos hacia las nuevas formas por las que vemos el mundo y tratamos de formar parte de él, llegando a ofrecer con Nop, una propuesta como con las que Charlie Brooker hace tantos años que no nos deleita con su Black Mirror (2011- ).


Es una pena que los personajes de la película no logran plasmar ni llevar hasta última instancia sus respectivos arcos argumentales (sobre todo fastidia en el caso de Steven Yeun). Pero aún con su visible tosquedad, los personajes de los universos de Peele siguen funcionando de formas que tanto deberían envidiar la mayor parte de producciones de terror actual. El título de la película no es baladí, y si de algo puedo seguir celebrando Déjame salir sin pensármelo ni una vez (y que no leo destacar como merece), era por el personaje interpretado por Lil Rel Howery. Siendo el descacharrante y lúcido epítome de lo que sueles esperar encontrarte en una historia de terror. Jordan Peele extiende esto en todo el microverso agreste de Nop, lo cual confiere al conjunto de una mayor pertenencia instantánea a la historia reciente de este género cinematográfico (aunque de cara al tercer acto acabe cayendo de más en el ya extendido topicazo de las prohibiciones y reglas para encararse a la amenaza en cuestión).


Volviendo a recalcar el total buen gusto cinematográfico de Jordan Peele, destacar el gran aprovechamiento que hace del rodaje en formato IMAX y el espacio más recurrente del film, que es el rancho familiar de los hermanos protagonistas y los lugares colindantes. Los cuales parecen conformar un terreno que parece aislado del mismo planeta. Abriéndose de formas totalmente avasallantes al espectador en la gran pantalla de una sala de cine y reforzando una experiencia de puro y vibrante suspense cinematográfico de gran estudio que no debería ser censurable llegar a citar de forma rotunda como el nuevo Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975), y que incluso abarca mucho más de lo acostumbrado en el género por parte de este cineasta, otorgando a la historia un aura de gran odisea ranchera para la siempre bienvenida gran tradición de homenajes al fundacional cine western (lo cual no es gratuito al tener un notable discurso metacinematográfico como argamasa desde el arranque de la película) o incluso acabar conectando de formas espectaculares con grandes obras anime.


Nop es ya la total consagración como cineasta de Jordan Peele. Una película que quizás se haya dejado bastante de sí misma en la sala de edición y montaje para llegar a sus completitos 130 minutos de duración. Pero que siguen haciendo convivir la mejor experiencia lúdica de terror de este año junto a todo el gran número de interesantes debates y cuestionamientos de primer orden que se ocultan en la gran incógnita de estos voraces cielos cinematográficos.