• Revista Luciérnaga

Nuestras favoritas del D'A 2020

Actualizado: jun 3



Pocas horas después de la clausura de la edición 2020 del Festival de Cinema de Autor de Barcelona (D'A Film Festival), toca hacer balance de un certamen que ha estado marcado inexorablemente por la situación mundial derivada de la pandemia de la COVID-19, y que ha hecho que por primera vez el festival se celebrara enteramente en modalidad online. A este respecto, cabe destacar una vez más la labor de Filmin, la plataforma que apuesta de una forma más evidente por un tipo de cine que escapa de lo mainstream y, que en muchos sentidos, está ganando la partida ante los gigantes del VOD como Netflix, HBO o Amazon. Con unos medios mucho más modestos que estos, pero con una gran estrategia en redes sociales y, ante todo, con un cariño y un respeto fuera de toda duda con el cine y con los espectadores, Filmin se convierte definitivamente en la alternativa a la que acudir cuando se trata de acceder a un cine menos convencional y más arriesgado.


Cabe preguntarse, al hilo de esta nueva situación, cuál es el futuro que espera a los festivales de cine. En 2020 se han cancelado los principales certámenes en todo el mundo, y habrá que ver qué pasa con los de 2021 debido a la precaria situación en la quedan los rodajes cinematográficos a causa del confinamiento global. Incluso los grandes premios internacionales (los Oscars entre ellos, y hoy hemos sabido que también los Goya) parece que optarán por incluir en sus categorías a las películas que hayan tenido un estreno exclusivamente online. Y es que este parece el signo de los nuevos tiempos, en los que las restricciones a la movilidad conducirán casi con toda seguridad a una nueva manera de entender el consumo y la industria del cine. Respecto a los festivales, esta nueva situación produce resultados contradictorios. Por un lado, disminuye su acción como centros de compra y venta de derechos de películas -un elemento capital más allá de la exhibición de títulos-, además de que se merma el elemento dinamizador a nivel económico, social y cultural que las grandes citas conllevan en las ciudades en las que tienen lugar. Por no hablar, claro está, de la cantidad de puestos de trabajo directos o indirectos -por mucho que la mayoría de ellos estuvieran instalados en la precariedad y la temporalidad- que la situación se puede llevar por delante.


Sin embargo, hay otros aspectos que podemos celebrar, y esta última edición del D'A sirve como ejemplo. Es indudable que la modalidad online permite llegar a una cantidad de espectadores mucho más alta. El flujo de visitantes que este tipo de festivales reciben no suele superar el de la crítica especializada y los espectadores locales, pero de esta manera las películas se abren a visualizaciones desde todos los rincones del planeta. Los datos, en este sentido, son esclarecedores: de 20.000 espectadores en Barcelona en 2019 a más de 215.000 visualizaciones este año. Todo el mundo tiene acceso a todas las secciones del festival en el periodo en el que tiene lugar, tanto a las competitivas como a las no competitivas, las retrospectivas y los cortometrajes, lo que se traduce en que haya mucha más gente viendo y comentando las películas que en una edición al uso. Es decir, mucha más gente se siente partícipe de una cita que antes solo podían seguir a través de los críticos enviados ad hoc a cubrir el festival, y además en muchas ocasiones las películas eran muy complicadas de encontrar para ser visionadas posteriormente.


Con todo, y pese a estar viviendo una situación novedosa de la que apenas se empiezan a intuir las primeras consecuencias, lo que hace difícil extraer conclusiones definitivas, creemos que se abren nuevas vías de contacto entre festivales y público que valdría la pena seguir explorando. Sin embargo, todo esto no tendría sentido si la selección de títulos fuera mediocre, algo que ni mucho menos ha sido lo que ha ocurrido en el D'A 2020. Así que desde aquí os proponemos una selección (sin orden establecido y fluctuando entre las diversas secciones) de las películas que nos han llamado más la atención en esta edición del festival:


La reina de los lagartos (Burnin' Percebes, 2019)

Que Burnin' Percebes se hayan pasado al Super 8 no es nada sorprendente, porque a lo largo de su trayectoria ya han mostrado su querencia a experimentar con todo tipo de formatos, incluyendo el 3D de mercadillo y el WordArt de los trabajos de naturales de segundo de la ESO. La reina de los lagartos relata una peculiar invasión extraterrestre con un tono costumbrista en el que los aliens llevan nuestra emblemática camiseta de dormir y están maravillados con la sonoridad de la palabra "lefa". Burnin' Percebes vuelven a jugar la carta del extrañamiento de lo cotidiano y lo surrealista del día a día, pero se permiten añadir una dosis de ternura que refuerza todavía más la química entre la extraña pareja formada por Bruna Cusí y Javier Botet.


Un blanco, blanco día (Hvítur, hvítur dagur, Hlynur Palmason, 2019)

La película ganadora de la sección Talents se vale de una puesta en escena tan gélida como los paisajes que retrata -una Islandia entre la niebla, a medio camino entre realidad y ensoñación- para construir una historia que habla de la gestión de la pérdida y el trauma, encarnada en un policía de expresión granítica y corazón de fuego al que da cuerpo de forma excepcional Ingvar Sigurdsson, obsesionado con encontrar la verdad del pasado de su mujer fallecida unos meses antes. Un camino que le lleva a enfrentarse a sus demonios y que conduce a una inevitable catarsis acompañado de su nieta, un gran descubrimiento interpretado por Ída Mekkín Hlynsdóttir.


My Mexican Bretzel (Nuria Giménez Lorang, 2019)

Uno de los títulos más estimulantes de esta edición del D'A es esta película totalmente desprovista de diálogos y con unos efectos de sonido que la directora se ha cuidado de diseminar con una precisión milimétrica para que acompañen a la perfección el desarrollo de la historia. A partir de unas imágenes de archivo de una pareja de clase alta en la Europa de mediados del siglo XX, Nuria Giménez incorpora las reflexiones del diario de Vivian Barrett, en las que habla de la insatisfacción burguesa y las ansias por una vida diferente. Pero, ¿cuánto hay de realidad y cuánto de construcción en esta película?. My Mexican Bretzel juega con las expectativas del espectador, que aunque cae rendido al efecto hipnótico de las imágenes, acaba la película con más preguntas que respuestas.


Video Blues (Emma Tusell, 2019)

Como en el caso anterior, las grabaciones domésticas son el esqueleto perfecto para contar una historia, y al mismo tiempo reflexionar sobre nuestra relación con las imágenes y los nuevos significados que pueden adquirir. Emma Tusell, hasta ahora montadora en películas de directores como José Luis Cuerda o Carlos Vermut, debuta como directora en esta autobiografía visual en la que indaga en los viejos vídeos familiares para establecer una nueva relación con sus padres y consigo misma.


Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin (Werner Herzog, 2019)

La (pen)última película del veterano Werner Herzog es un homenaje a su amigo Bruce Chatwin, el novelista inglés fallecido a causa del SIDA a finales de los 80, y con el que Herzog compartía una pasión irrefrenable por la naturaleza y las culturas tradicionales. En la película, el director bávaro revisita los lugares que sirvieron a Chatwin como inspiración para sus libros, y reivindica el valor de las tradiciones ancestrales como generadoras de sentido, y una relación con la naturaleza y sus insondables misterios que nuestra sociedad parece haber olvidado para siempre.


Las buenas intenciones (Ana García Blaya, 2019)

Tal como hizo Carla Simón en Verano 1993, esta directora argentina apuesta por recurrir a sus recuerdos de aquella década para trasladarnos a la encrucijada vital en la que se vio envuelta. La directora combina sus videos caseros con las escenas de la ficción que los representan otorgándole al relato un punto extra de veracidad más allá de la naturalidad con la que está rodada. Gracias a esto es muy difícil no vincularse con unos personajes excelentemente interpretados que nos conducen a través de una compleja situación familiar exenta de cualquier exceso. Por eso, casi sin darnos cuenta, se crea la sensación de no querer separarte de ellos, y de esta forma, traslada el propio dilema del film al espectador.


The 20th Century (Matthew Rankin, 2019)

Si empezamos diciendo que es el biopic de los años de formación de un antiguo primer ministro canadiense probablemente la imagen de la película que se crea es algo totalmente opuesto a lo que realmente es. Nos encontramos ante una obra surrealista que hace de Canadá una distopía narrada con un particular sentido de la estética, donde el decorado es tan llamativo como el contenido. William Lyon Mackenzie King se ve sometido continuamente a situaciones cómicas a caballo entre el humor más absurdo y el más negro (uno de los requisitos para gobernar el país es escribir con caligrafía excelente la firma con orina sobre la nieve). Al margen de que pueda ser en ocasiones una sucesión es sketches es ante todo una película única que sorprende también en el hecho de que sea la ópera prima de su director.


Ghost Tropic (Bas Devos, 2019)

Una mujer se duerme en el metro al salir del trabajo y acaba al final de la línea sin posibilidades de volver a casa como suele hacerlo. Esta sencilla premisa convierte lo que podría ser una diminuta anécdota en la semana de la protagonista en una odisea hipnótica a través de la noche en Bruselas. El director tiene una atención inmensa a los detalles más oníricos del mundo real como los reflejos, las sombras y las situaciones que rompen con la rutina. Combinando estos factores nos ofrece una perspectiva social única haciéndonos ver que no solo el realismo más sucio y descuidado es aquel más cercano o veraz.


Jesus Shows You the Way to the Highway (Miguel Llansó, 2019)

De nada serviría tratar de resumir la trama de esta película de espionaje. De nada serviría enmarcarla en el género de la ciencia ficción, la comedia o la acción. Tampoco serviría decir que refleja una especie de miedo a la inteligencia artificial. Y mucho menos criticar sus efectos especiales intencionalmente anticuados. Nada que se pueda decir sobre ella te acerca a lo que te espera en su visionado, por lo que la película de Llansó ha logrado algo muy difícil y es que la hayan catalogado como un film que no se parece a nada.

La luz contra la pantalla

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