• Abel Campillos

“Nunca digas este Skywalker no es mi padre…” (The Rise Of Skywalker, 2019)

Actualizado: 29 de dic de 2019

¿Os acordáis de aquellas series de finales de los 80 principios del 90? El principe de Bel-Air (The Fresh Prince of Bel-Air Andy Borowitz, Susan Borowitz, 1990-1996), Padres forzosos (Full House, Jeff Franklin, 1987-1995), Roseanne (Roseanne Barr, Matt Williams, 1988-2018)... Las familias se metían en horrorosos enredos. Cuando estos parecían no tener solución posible, entre aplausos y vítores abría la puerta el actor invitado de turno y enseñaba, normalmente a los más jóvenes, que debían hacer antes de la siguiente pausa publicitaria.

En Star Wars: El ascenso de Skywalker (Star Wars: Episode IX - The Rise of Skywalker, J.J. Abrams, 2019) hay hasta tres momentos así, recordatorios de que inevitablemente la saga sigue ligada a que aparezcan los tres personajes, aquellos con que los padres aplauden y dicen con una sonrisa "ahí está Luke".


Incluso el propio Skywalker se atreve a dar un consejo más de padre que de Jedi: Llévate dos espadas por si acaso. Como si la fuerza le permitiese ver una lluvia que para el resto es impredecible mirando solo al cielo.


Junto a esta trinidad del bien, Lando, Leia y Luke y su antagonista Palpatine desfilan un sin fin de guiños a la trilogía original: Chewbacca, la máscara de Darth Vader, R2D2, ewoks… Referencias con las que tranquilizar a todos los nostálgicos que pusieron el grito en el cielo con Los últimos Jedi (Star Wars: Episode VIII - The Last Jedi, Rian Johnson, 2017). El relevo de Star Wars que deben tomar los niños que estas navidades desenvuelven sus primeras espadas láser, viene de la mano del propio Luke:


"Mil generaciones habitan en ti, pero esta es tu batalla"

El ascenso de Skywalker termina la trilogía de Star Wars de J.J. Abrams. La narración de la saga ha sido construida al estilo de Perdidos (Lost, J.J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof, 2004-2010), Person of Interest (Jonathan Nolan, 2011-2016), Fringe (J.J. Abrams, Alex Kurtzman, Roberto Orci, 2008-2013) y el resto de su filmografía. Elevado a la categoría de genio por sus fieles seguidores y de farsante por sus detractores y apostatas.


J.J. Abrams construye sus obras acumulando incógnitas cuyas resoluciones encarnan más preguntas, diversificando las lagunas y enganchando al espectador hasta que productores o fans le obligan a dar una respuesta. Y es ahí donde históricamente el cineasta estadounidense ha demostrado mayores flaquezas.


El origen de Rey, la transformación al bien de Kylo Ren y la domesticación de Poe pueden ser inevitables decepciones para algunos. Incluso llega a contradecirse con ideas marcadas en Los últimos Jedi. Es prácticamente imposible que en el final de una trilogía forzada necesariamente a cerrar tramas llegue nunca a su clímax más alto. El chasquido de Thanos, Gandalf salvando las dos torres o el propio "Luke, yo soy tu padre" son buena prueba de ello.


A mí es un tipo de narración que me engancha, quiero saber la historia del traficante de especias, no me importaría una trilogía del matajedis, ni del orfebre que construyó un mapa en una pirámide...


Mientras mi yo adulto va digiriendo la anterior pregunta y masticando la siguiente, mi yo niño, que es para quien va dirigido esto, se va enamorando del enésimo rediseño de las lanzaderas espaciales y del extraño lenguaje del alien de turno. Y suspira entre dientes un "menos mal" cuando llega (más viejo que el propio cine) el séptimo de caballería en el último momento para salvar a todos.


Quizás cuando para mí haya pasado tanto tiempo como para mis padres La guerra de las galaxias, me encuentre hablando maravillas de estas y me queje de la nueva trilogía de turno.


Aplaudiré en el cine cuando aparezca Adam Driver y exclamaré enfadado: ¿Qué es eso? todo era mejor cuando se hacía con CGI.

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