• Jaime Estrela

En un barrio de París



Como ya hizo Woody Allen con Manhattan (1979), el cineasta francés Jacques Audiard decide ubicar y dar nombre a su historia de romances cruzados con un barrio de su ciudad natal que, en este caso, se trata del barrio de Les Olympiades de París. No obstante, no es en Allen en quien el director parece fijarse a la hora de sentar las bases de la película.


París, distrito 13 (Les Olympiades, Paris 13e, 2021) parece una especie de homenaje/actualización de la narrativa moderna de los años sesenta del cine francés. A caballo entre Godard y Rohmer, la película es un escaparate de vidas que vemos como si estuvieran escogidas aleatoriamente, que se cruzan y complementan sin seguir aparentemente ningún tipo de estructura, como en la vida misma.


Esta anarquía narrativa heredera de los directores de la nouvelle vague sabe equilibrar el estilo de directores como Godard (pantallas divididas, división por capítulos, intertítulos, combinación de color con blanco y negro…) con los experimentos amorosos de Rohmer, en los que consigue que personajes contradictorios y complejos actúen de forma tan natural que el espectador no ponga en duda ni un poco la verosimilitud de los giros de su historia.


Es por ello por lo que en la película de Audiard se puede tener la sensación de que se está asistiendo algo extremadamente casual y caprichoso, pero nada más lejos de la realidad, porque gracias a ello, nos entrega una muestra sencilla, que no simple, de lo que es la cotidianeidad de cuatro jóvenes en el París actual.


Desde el inicio de la película, el director sitúa al espectador en la posición de voyeur de la vida de los personajes. De este modo, no es necesario identificarse con ningún personaje, aunque sí que nos propone fascinarnos con las inquietudes de estos, que al final son las de muchos, a pesar de la distancia narrativa de su propuesta formal.


A través de un hermoso blanco y negro, acompañado de una banda sonora hipnótica, el barrio de rascacielos del distrito XIII de París acaba siendo una vitrina en la que se exponen el romance, el sexo, la incertidumbre laboral y la brecha generacional de una pequeña muestra de la población millennial, y como en toda vitrina, si prestas atención puedes acabar viendo tu reflejo.