• Javier Valera

La necesidad de perdonar


El pasado domingo finalizó la que es, sin ningún tipo de duda, una de las series españolas del año (junto a Antidisturbios y Veneno). Hablo de Patria (2020), creada y escrita por Aitor Gabilondo para HBO, y que adapta la novela homónima escrita por Fernando Aramburu en 2016. A lo largo de ocho capítulos asistimos a la historia de dos familias, unidas primero y separadas después, debido al conflicto vasco a lo largo de 30 años: desde la muerte del Txato (el marido de Bittori, una de las madres protagonistas) hasta el anuncio de que ETA abandona las armas.


La serie se presentó, fuera de competición, en el pasado Festival de San Sebastián y se estrenó a finales de septiembre en la plataforma HBO. En dicho festival recibió numerosas críticas positivas y después de ver la serie completa se entiende perfectamente: Patria es un buen reflejo del conflicto vasco a través de dos puntos de vista distintos: el de las víctimas y el de los culpables. Uno de los principales aciertos que tiene la serie, en mi opinión, es que centra toda la atención en los personajes, en construirlos muy bien, dejando en un segundo lugar el contexto: no estamos ante una serie estrictamente política, que también, sino que el peso más fuerte recae en los personajes, y más concretamente en las dos protagonistas: amigas inseparables hasta que ETA las separa. Una, Bittori (interpretada por Elena Irureta), victima de la organización terrorista tras asesinar a su marido, y otra, Miren (interpretada por Ane Gabarain), madre de un miembro de ETA. Dos amigas que deben asumir un dolor irreparable, cada uno muy distinto del otro pero que las obliga a distanciarse por completo.


Este texto podría completarse tan solo hablando de cómo están estas dos actrices, lo bien que muestran el dolor, cada uno el suyo, la angustia, la desesperación, el rencor, y por último, el perdón. Es cierto que se echa en falta que se hable más en euskera, pero el espiritu y el comportamiento lo reflejan muy bien estas dos veteranas actrices; son lo mejor de la serie desde los primeros momentos donde asistimos a los momentos felices en los que pueden compartir risas hasta que el conflicto se mete en sus vidas y se hace casi imposible un encuentro entre ellas. Dentro de la ficción ese encuentro, fortuito eso sí, sí se produce en la última escena de la serie: Bittori y Miren se encuentran en una plaza, se miran, se abrazan, no hablan y cada una sigue su camino. Todo funciona en esa breve secuencia: con solo un gesto se lo dicen todo y todo se entiende, se perdonan a su manera (lo de no mostrar mucho los sentimientos se evidencia en toda la serie y ahí tampoco podía faltar) pero no pueden volver a estar juntas, hay un daño irreparable pero forma parte del perdón, que es algo muy presente en ese último capítulo. también el hijo de Miren, Joxe Mari (Jon Olivares), escribe una carta a Bittori pidiéndole perdón por la muerte de su marido.



Otro de los aspectos más interesantes de la serie, como se adelanta anteriormente, es que se contextualiza todo el conflicto dentro de un pueblo, en un lugar pequeño: se expone toda la situación de manera muy concisa y clara a través de la escena donde Bittori sale a la calle y la gente no le saluda, de un día para otro, por culpa de unas pintadas que señalan a su marido (el Txato, interpretado por José Ramón Soroiz) como un opresor. Ahí empieza el dolor que desemboca en la ruptura amistosa entre las dos familias y en la muerte del Txato con el consiguiente silencio por parte de casi todo el pueblo poniendo así a las víctimas como los enemigos. Es cierto que la serie se inclina, lógicamente, hacia las víctimas de ETA pese a que en aquel cartel, que era pura estrategia de marketing, se comparaba el dolor de las víctimas con el de los miembros de ETA torturados en la cárcel.


Patria es una gran serie, pero tampoco es perfecta, y hay ciertas tramas que se quedan algo inacabadas dando la sensación de que no han dado tanta importancia a ciertos personajes y sí a otros. Hay tramas que se intuye cómo finalizan pero eso ya forma parte de la imaginación del espectador. A nivel formal hay que destacar una de las partes más terribles de la serie, la muerte del Txato; a lo largo de los ocho capítulos se expone la situación, el momento del asesinato, desde todos los puntos de vista posibles: el de Bittori, el del Txato pero también el de Joxe Mari y los dos compañeros de ETA. Igual es cierto que se repite en exceso esa secuencia, pese a que se vea en distintos ángulos no es necesario poner tanto hincapié en eso: hasta una escena se repite dos veces en distintos capítulos.


El título de este texto resume en cierta manera el deseo de una de las protagonistas, Bittori: enferma terminal que necesita el perdón del hijo de Miren para cerrar su herida. Es uno de los mensajes más claros que deja esta serie: deben (o quieren) perdonarse unos a otros para poder seguir adelante, para intentar vivir aunque sea con el dolor, el dolor de un pueblo entero.


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