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  • Julian Gondra

Demasiados colores para poco arcoiris



Paco León como director, El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) como obvia referencia, dos torrentes como Carmen Maura y Carmen Machi juntas por primera vez, una potencia visual prometedora, Dora Postigo como nueva posible promesa de la actuación... ¿Qué podría salir mal? Pues aunque parezca difícil o prácticamente imposible, todo. O casi todo.


Termino de ver la película con la extraña sensación de haber tenido un sueño del que te acuerdas a medias, con situaciones inconexas, conversaciones que no llevan a ningún lado y personajes que aparecen y desaparecen pero cuyas funciones en la historia quedan difusas y nada claras. Como si me hubiera estado despertando toda la noche por ese sueño y estuviera pensando "¿qué le está pasando a mi cabeza?". Y esta sensación no tendría por qué ser necesariamente mala si sintiese que hay un propósito definido o una razón que explique toda esa locura (que probablemente la haya, pero que esté solo en la cabeza de nuestro querido Paco no me vale).



Por otro lado, me tienen un poco confundidas las referencias a El mago de Oz. Quitando el perro que se llama Toto, la protagonista que en vez de Dorothy se llama Dora (en la ficción y en la realidad) y que la premisa es un viaje capitaneado por ella, no me quedan muy claras las similitudes entre el clásico y esta nueva propuesta que divaga entre varios géneros y que da la sensación de no haberse encontrado aún a sí misma. Quizá la que se tendría que encontrar a sí misma no es la protagonista de la película, sino la propia película.


Tampoco va a ser todo malo; hay momentos en los que he agradecido su deseo de libertad, su originalidad, el descaro al que no estamos muy acostumbrados a ver en el cine de nuestro país (ojalá pudiera ocurrir de verdad la escena de los jamones voladores). Pero, quitando lo disfrutable que entiendo que puede llegar a ser a veces, siento que unos jamones que vuelan y Carmen Machi con peluca y gafas no son suficientes para poder decir que una película es buena. De hecho, más que una película, da la sensación de que estuviéramos presenciando una fiesta de luces y neones en la que todo el mundo está invitado (hasta Rossy de Palma y Ester Expósito), menos los propios espectadores. Hay demasiados elementos incompletos, demasiados personajes que podrían estar más desarrollados y que, por consecuencia, no logro empatizar nada con ellos. No sé muy bien ni lo que quieren, ni cómo son, ni qué sienten. Como si fueran unas amebas, vamos. No me transmiten nada ni con sus gestos ni con sus palabras. Y lo poco que han conseguido transmitirme; he tenido que descifrarlo con arduos esfuerzos.


Me ha dado mucha pena quedarme con esta percepción después de terminar de ver la película porque sigo creyendo que la idea tiene potencial. Pero siento que se ha quedado en eso, en una buena idea. Quizá mis expectativas fueran un hándicap a tener en cuenta, no lo sé. Pero tenía muchas ganas de adentrarme en la historia y el efecto en mí ha sido justo el contrario. A medida que iba transcurriendo me iba alejando más de todo. Teniendo en cuenta el eslogan de la película, "esto no es una película, es un viaje", yo preferiría no irme de viaje y quedarme en casa viendo una buena película.


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