• Héctor Gómez

Somos...americanos (Nosotros, 2019)



Resulta interesante imaginar cuál habría sido la recepción de una película como Nosotros (Us, 2019) de no haber existido Déjame salir (Get Out, 2017). El tremendo, y merecido, éxito de esta (y no solo entre los fans del cine de género) ha servido como catalizador para que Nosotros se vendiera prácticamente sola, simplemente añadiendo la frase "la nueva película del visionario director Jordan Peele" en los trailers promocionales. Más allá de la alegría con la que se regalan los epítetos en este tipo de estrategias de márqueting, lo cierto es que hay algo en el cine de Peele que le ha convertido en la punta de lanza de un nuevo cine de terror que pretende claramente salir del gueto (ejem) y jugar en la liga de lo mainstream en igualdad de condiciones.


Lo más interesante, para quien escribe, de Nosotros es su funcionamiento como complemento (o cara B, para ser más exactos) de Déjame salir, formando parte las dos de un díptico sobre la América contemporánea. Ambas películas comparten unas cuantas similitudes (la presencia mayoritaria de personajes de raza negra, algo que puede parecer baladí pero que en sí mismo supone todo una declaración de intenciones), pero también bastantes diferencias, por lo que sería injusto utilizar el mismo rasero para valorarlas en toda su extensión. Mientras que Déjame salir apostaba por un ser un thriller psicológico que jugaba a poner a prueba el equilibrio mental de su protagonista (Daniel Kaluuya) y, por ende, el del espectador, Nosotros lanza un órdago hacia un terror más inclinado a la violencia física, el slasher y el tropo de la home invasion, compensando además los momentos de angustia con unas salidas humorísticas que hacen del conjunto una cinta mucho más ligera de lo esperado.


Es precisamente esa escalada hacia lo bizarro lo que trufa el último tercio de la película, que sin embargo se dispara en el pie cuando intenta dar una explicación a la presencia de los dobles, que hubiera sido mucho más perturbadora de no mediar un propósito concreto. Aún así, Peele vuelve a demostrar pulso a la hora de narrar las escenas, y consigue crear secuencias brillantes como el montaje paralelo entre la pelea final y una coreografía de ballet. Y sobre todo destaca la presencia magnética de Lupita Nyong'o, impresionante en su doble papel de madre con trauma que defiende a su familia y de líder psicópata de los dobles, con un trabajo vocal que produce escalofríos en la magnífica escena de la primera irrupción en la casa.


Pero de nuevo es inevitable analizar Nosotros por el subtexto que la acompaña, del mismo modo que sucedía en Déjame salir. En ambas películas el mensaje es tan evidente que nos golpea en la cara, pero Peele consigue de nuevo salir indemne de caer en la moralina aleccionadora sin dejar de ser contundente. Si en Déjame salir había un claro poso de denuncia de la opresión racial, en Nosotros se desvía más hacia la denuncia de clase, utilizando la metáfora (bastante trillada, es verdad) del doppelgänger como representación del otro, de los descastados que algún día se alzarán en busca de venganza (¿o quizá ya han empezado a hacerlo votando en masa a Trump?). Jordan Peele no da puntada sin hilo (ejem otra vez), y utiliza a su antojo una iconografía puramente americana (la de la cadena humana de la hipócrita campaña Hands Across America) para construir a sus monstruos, además de jugar con el título de la película, Us, que tanto puede traducirse como "nosotros" como referirse a los "United States".


Curiosamente, la violencia ejercida en Déjame salir era una violencia desde arriba, donde la élite blanca utilizaba a los negros como vectores para buscar la vida eterna. En Nosotros, en cambio, la violencia se ejerce desde abajo, siendo los pobres, los desposeídos y los olvidados los que reclaman su lugar en el mundo y están dispuestos a todo para ello. Pero no hay que perder de vista el mensaje final que nos deja la película: que los otros, aquellos que nos empeñamos en negar su existencia, somos en realidad nosotros mismos, solo que aletargados y narcotizados por una sociedad basada en el consumo, el hedonismo y la idiocia. Tal vez solo es cuestión de tiempo para que las puertas del infierno se abran y la profecía de Jeremías 11:11 se haga realidad.

La luz contra la pantalla

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