• Abel Campillos

Cuando la música se apaga


Se suele acusar a los Oscars de premiar la cantidad por encima de la calidad, cuanto más se note el uso de un recurso o un aspecto más se suele valorar, obviando en ocasiones la sutileza. Por eso es habitual que grandes películas de estudio ambientadas en el pasado como Titanic (James Cameron, 1997) con 14 nominaciones, Mank (David Fincher, 2020) que opta en esta edición a 11 estatuillas o musicales como La La Land (Damian Chazelle, 2016) que obtuvo 11 nominaciones, sean las películas que normalmente acaparen un gran número de premios.


Lo que es menos habitual es que películas tan relativamente pequeñas como es el caso de Sound of Metal (Darius Marder, 2020) se alce con 6 nominaciones. Para empezar, se trata del debut cinematográfico de su director, está producido por Amazon Studios y cuenta con actores de una segunda o tercera fila habituados a películas independientes y series de televisión, y aun así lleva a sus espaldas una exitosa carrea de premios, entre ellos destacar muchos reconocimientos por sus labores técnicas.


Y es que la película podría juzgarse a través de sus nominaciones:


Mejor actor: Riz Ahmed


El actor británico interpreta a Ruben Stone, un exdrogadicto, nómada y batería de un grupo de metal junto a su novia quien, de repente, sin ninguna explicación, pierde el 70% de su audición. Más allá de la focalización de los efectos sonoros, si uno consigue empatizar con la diversidad funcional del personaje es gracias a la excelente interpretación de Riz Ahmed, que vive un viaje emocional perfectamente comprensible entre la necesidad de aprender a convivir con dos voluntades completamente contrapuestas: vivir con su diversidad funcional, ser autoconsciente de ella, asumir que su vida de antes no volverá y a la vez apurar las últimas posibilidades de recuperar su vida anterior y con ello la música y a su pareja.


Mejor guion original: Abraham Marder, Darius Marder y Derek Cianfrance


Quizás no es la historia más original, ya hemos visto este viaje de alguien aprendiendo a convivir con su disfuncionalidad decenas de veces, alguna más oscuras y otras más optimistas. Pero la idea de sumar a esta disfuncionalidad el demonio de la adicción presenta un mundo que sorprende simplemente por el hecho de su existencia: Un campamento para sordos exadictos. Pero la verdadera justificación de su nominación a mejor guion original viene por la construcción de los personajes secundarios, y es que cada una de sus líneas de diálogo y el background que se intuye en ellos valdría para justificar una nueva película sobre esos habitantes de la vida de Ruben Stone. Desde su novia, interpretada por Olivia Cooke, el padre de ella, sus compañeros de campamento, los niños que cuida o sus profesores de lenguaje de signos, pero sobre todo el líder del campamento: Joe, interpretado por Paul Racci.


Mejor actor de reparto: Paul Racci


El personaje de Paul Racci es la sutileza que no se suele premiar, una figura paterna cariñosa y autoritaria que debe enseñar al nuevo, al protagonista, a convivir en una nueva realidad. Un personaje difícil de retener en la memoria del espectador, pues no grita ante los traspiés inevitables del alumno, sino que muestra una enorme empatía y asume las decisiones de su pupilo con resignación, mientras consigue mostrar en cada inflexión de voz que no va a ser escuchada, en cada mueca, gesto y consejo una vida tormentosa que él sí consiguió dejar atrás.



Mejor sonido: Phillip Bladh, Nicolas Becker, Jaime Baksht, Michelle Couttolenc, Carlos Cortés, Carolina Santana


Y esas palabras que no van a ser escuchadas por sus personajes tienen un enorme peso, pues la película lejos de ser muda está llena de sonidos que en cualquier otra película se verían sepultados por los diálogos. Por eso cuando la cámara se aleja y vemos a Ruben interactuando con el nuevo mundo sentimos una ligera culpa al «ver» todos esos sonidos que él se pierde: La música de las vibraciones que él disfruta, las risas de sus compañeros, las palabras que le dirigen, el tintineo de los cubiertos incluso el sonido de las manos moviéndose frenéticamente y rompiendo el aire mientras aprende el lenguaje de signos.


Mejor montaje: Mikkel E.G. Nielsen


Esta elección de poner el sonido en primer plano hace que sea tremendamente doloroso y que ayude a empatizar cuando decide focalizar en el personaje principal y con primeros planos mostrar el sufrimiento de ser incapaz de distinguir nada en ese eco auditivo que le queda representado como un zumbido continuo e indescifrable. Esa alternancia es la que permite comprender ese viaje doble que Ruben está viviendo y justificar a sabiendas de su duro camino cualquier decisión que él decida tomar al final.


Mejor película


En un año tan… ¿convulso? Yo he agradecido una película que trata de simplemente alcanzar la autonomía, en apagar el ruido de la cabeza y de la productividad y asumir el paso del tiempo, encontrar la paz en uno mismo y parece que la academia también.



«La música era su mundo, luego el silencio reveló uno nuevo»