• Jaime Estrela

Tarde de otoño (El sabor del sake, 1962)

Actualizado: 7 de oct de 2019

Yasujiro Ozu nos dejó prematuramente a causa de un cáncer a la edad de 60 años. Su última película, El sabor del Sake (1962), es un hermoso retrato del inicio de la vejez, etapa que debió estar experimentando durante su creación. En ella nos presenta a Hirayama, un viudo que a partir de un encuentro con su antiguo mentor decide planear unos cambios en su vida. Unos cambios que probablemente le van a perjudicar.


A través de una serie de encuentros con sus amigos, vamos viendo como el protagonista va tomando conciencia de su situación, su hija es la que se encarga de mantener la casa, algo que no puede durar toda la vida. Entre bares, restaurantes y alcohol, mucho alcohol, vemos el fluir de un hombre que se prepara para una nueva etapa de su vida. Las idas y venidas de un padre que quiere lo mejor para su hija, aunque tenga que sacrificarse él mismo. El síndrome del nido vacío planea sobre Hirayama durante todo el film, aunque Ozu es indulgente con él y lo arropa con unos amigos haciéndonos ver una muestra de amistad sincera.



Tejido entre la amistad y la familia podemos ver cómo el machismo imperaba en la sociedad japonesa de los 60, donde las mujeres pintaban más bien poco. No obstante, algunos personajes no representan esta desigualdad, sino que es algo latente que se respira mediante el contexto social de la película. Se ve especialmente en los momentos en que los personajes hablan de tener que casar a las hijas como una obligación más de los hombres.

El sabor del sake se cocina a fuego lento, como todo el cine de Ozu. En el que no hacen falta grandes acontecimientos para transmitir esa sensibilidad propia del director. Cada encuadre parece diseñado al milímetro, Ozu parece dominar una precisión de cirujano a la hora de componer imágenes y orquestar diálogos mediante el montaje. Además no sólo no olvida sus señas autorales más características, como son los planos enmarcados por paredes u otros elementos del mobiliario y los planos contraplanos casi mirando a cámara, sino que los depura de tal forma que esta película se configura como el ejemplo más claro del estilo de Yasujiro Ozu, tanto a nivel formal como narrativo.


El film no está exento de una comicidad que envuelve la cinta de ternura, el director combina momentos tristes con toques de humor. Hace de las bromas entre los amigos un leitmotiv sobre el que relajar ese aire crepuscular que impregna el relato, ese tono que nos prepara para el final de una etapa. Es por ello que su título en inglés, Tarde de otoño, sirve como síntesis de la película y de lo que supone para la obra de Ozu, prediciendo el ocaso de uno de los más grandes cineastas de la historia.

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