• Jaime Estrela

Escribe tus memorias



Tras los atentados del 11-S de 2001 en Nueva York, el presidente Bush inició una serie de políticas para encontrar a los responsables. El problema es que para ello dejaron de lado algunas cuestiones relacionadas con los derechos humanos fundamentales. Una de las personas perjudicadas por los procedimientos llevados a cabo por la administración de Bush fue Mohamedou Ould Slahi, quien acaba encerrado en Guantánamo sin juicio ni cargos en su contra. Bajo esta premisa basada en las memorias del preso, Kevin Macdonald, el conocido director de El último rey de Escocia (2006), denuncia desde dos posiciones una de las consecuencias más graves de uno de los episodios más negros de la historia reciente de EEUU.


En The Mauritanian, Tahar Rahim encarna a Mohamedou, mientras que Jodie Foster es la abogada que trata de que esta persona simplemente haga uso de su derecho a un juicio, papel que le valió un Globo de Oro en la pasada edición de esta ceremonia de premios. Aunque estos dos actores llevan el peso emocional de toda la película a sus espaldas, no son las únicas estrellas que se dejan ver por el film. Shailene Woodley y Benedict Cumberbatch, son los secundarios que de manera convencional añaden conflictos superficiales que enriquecen la relación entre los personajes de Rahim y Foster.


A pesar de ser una película que parezca denunciar una realidad cercana, no es centrándose en trasladar unos hechos reales donde acaba por destacar. The Mauritanian, en cierto punto acaba dándole mucha importancia a los escritos del preso, y es la capacidad de Macdonald de capturar la sensibilidad de Mohamedou lo que hace que el film adquiera una relevancia alejada de la simple reivindicación. Centrando la línea narrativa en dos tiempos, siendo el presente la parte judicial convencional, el director hace de la historia escrita por el mauritano un retrato carcelario de una calidad estética mucho más llamativa.


A lo largo de la película, tanto la abogada como su ayudante hacen referencia a la importancia de lo que escribe el personaje de Rahim para lograr un juicio. Además, le trasladan constantemente el talento que tiene para contar historias. Por ello, Macdonald se apropia de esta idea y parece trasladarla a la propia forma del film, dándole no solo relevancia a nivel estructural sino que en los momentos que nos trasladamos al relato de Mohamedou, la imagen cambia de formato, de textura e incluso de tempo narrativo, tratando de aplicar la hermosura de la capacidad narradora del personaje a la propia imagen.


Con esta película nos acercamos a un caso real que nos habla de los problemas que acarrea tomar decisiones en caliente, pero va un poco más allá. A través de esto, el director profundiza en el poder de las historias, en su capacidad de conmover, de remover conciencias y de cambiar el mundo.