• Abel Campillos

¿Una serie católica en HBO? (The Young Pope, 2016)

Cuando en 2016 aterriza HBO en España todos los que nos hacíamos llamar seriéfilos hicimos propósitos como si de año nuevo se tratase: “Ahora me veré Los Sopranos”, “He visto capitulitos sueltos, pero terminaré The Wire…”.


Como buen propósito la gran mayoría de nosotros lo ha ido posponiendo, sepultado por la inmensa cantidad de series de estreno que han ido llegando. Entre ellas apareció Jude Law con el hábito papal.

A la marca HBO se le presupone una serie de expectativas: sexo, violencia, sangre y contenido no apto para personas propensas a traumatizarse. Unir estos atributos a la ciudad del vaticano inevitablemente debía ser sinónimo de escándalo y airadas manifestaciones de monjas y monaguillos, pidiendo la excomunión a todos los que aparecieran por los títulos de créditos.


Entre ellos el de su creador, guionista y director Paolo Sorrentino. El realizador italiano parece haberse especializado en retratar la irremediable decrepitud a la que todo está empujado, ejemplo claro de ello son La gran belleza (2013) y Youth (2015). Toda la tesis de su obra se resuelve en que la única salvación que existente es la belleza.


Con sus más de 2000 años la iglesia católica no se puede encontrar exenta de esa decrepitud. Paolo Sorrentino como napolitano, ha vivido a medio camino entre fotos de Maradona e iglesias, y por ello trata a la religión católica en un punto intermedio entre lo caricaturesco y la admiración, entre la elegía y la devoción por sus misterios.


The Young Pope tiene como detonante la llegada al poder de Lenny Belardo, un joven Papa estadounidense que ha trastocado los cimientos de una institución que tiende al inmovilismo. Sus avanzadas ideas de marketing y sus retrasos ideológicos escandalizan a la curia italiana como si de un enfrentamiento entre Norteamérica y Europa sucediese entre reliquias religiosas y esculturas de Miguel Ángel.


La réplica al joven Papa vendrá de personajes incompletos, contradictorios, modernos y fervientemente defensores de la religión en su concepto más puro, sin adornos. Cardenales y monjas que se aferran a intentar salvar la institución que les abrió los brazos cuando más lo necesitaban. El protagonista se convierte en el malvado, que supera incluso el arquetipo de antihéroe, un provocador del que conoceremos sus motivaciones mientras nos vamos enamorando de su carisma y juventud.


Paolo Sorrentino junto a su director de fotografía de confianza Luca Bigazzi pone la luz y la belleza en la cotidianeidad, en el día a día de los trabajadores y la apaga cuando las conspiraciones empobrecen la imagen del Vaticano.


Aun así The Young Pope no se trata de 10 horas de catecismo tratado de manera estética y elegante, la serie profundiza en los tabús de los tiempos modernos de la Iglesia: el aborto, la homosexualidad, la pedofilia y el papel de la mujer.


Los católicos más fervientes encontrarán motivos de sobra ya en los diez primeros minutos como para escribir airadas protestas y la intelectualidad encontrará razones para alabar su virtuosismo y su valentía. Por su parte, la iglesia católica se pronunció en su revista oficial alabando las maravillas de la serie y reflexionando sobre la moderna espiritualidad de su director.


Mar quien sabe de mi absoluta absoluta obsesión por esta serie tuvo a bien ponerme los dientes largos enviándome un mensaje desde el festival de Venecia, diciéndome que ya había visto el 2 y 7 capítulo de la segunda temporada (11 de enero en HBO) resumiendo su mensaje de manera poco sacra: la hostia.

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