• Mar Gimeno

El gran desastre


Vernon Subutex (Cathy Verney, 2019) es la serie francesa de la que (casi) todo el mundo está hablando. La verdad es que no me extraña porque, para bien o para mal, la ficción engancha. La podéis encontrar en Filmin y tiene una única temporada. Se compone de 9 capítulos que duran poco más de media hora, por lo tanto es una serie perfecta para hacer un buen maratón.


Se basa en un conjunto de tres novelas escritas por Virginie Despentes, adaptada al audiovisual de una forma muy psicodélica por la directora Cathy Verney. No hay más que ver la intro de cada capítulo. Todos los planos parece que tengan un filtro de blanco por encima, además de unos cielos quemados en ciertas ocasiones que evocaría de alguna forma cómo ve el personaje principal el mundo.


La historia gira en torno a su protagonista, Vernon Subutex (Romain Duris), quien da el título a la serie. O también Mr. Revolver, puesto que regentaba una tienda de discos en los 90 con este nombre. Y en sus recuerdos de esa "época de oro" vive el personaje. Se niega a admitir que toda una vida ha pasado por delante de él. Se niega a crecer. Hace cosas que dejan un poco perplejo y que retratan un hombre que no ha madurado. Entre otras, dejar de pagar el alquiler de su piso por lo que, de la noche a la mañana, se encuentra sin casa. Con pintas de vagabundo, se embarca en una aventura muy poco usual: encontrar una cama para dormir por la noche. Entonces, recurrirá a sus viejos amigos para pedirles ayuda, aunque al final todos sabemos cómo va a acabar la historia. Si bien es esta la historia principal, hay una secundaria (en principio innecesaria) que no es hasta el último capítulo que cobra sentido.


No me cae bien el personaje principal. De hecho, odio a todos y cada uno de los personajes que aparecen en la serie. Pero, ¿y por qué la he continuado viendo? Porque realmente engancha y acabas empatizando con todos, entendiendo sus vidas y límites. Porque esta serie realmente va de límites; en la vida, en el amor, en el trabajo... Es un ejercicio de tensionar al máximo ciertas situaciones y poner a prueba cómo reaccionarían ciertos personajes.


A través de una estructura cíclica, se narra efectivamente su límite. Ese espiral de depresión en que se sumerge Vernon, que le acaba despojando de todos sus bienes materiales, y de los inmateriales de alguna forma también.


Lo que realmente hay que destacar de la serie es la banda sonora. Todas las canciones que aparecen se entrelazan a la perfección con aquello que aparece en la imagen; ya bien sea para complementar o para crear un paralelismo. Si hay algo que apasiona a Vernon es la música, y además es lo que le une a las demás personas. Así que el trabajo del diseñador de sonido tenía que ser impecable. Y así resulta, puesto que consigue mezclar músicas de diferentes épocas y estilos (aunque la mayoría sea rock) de una forma totalmente natural y aleatoria, como la vida misma.


Me quedo de la serie con una escena en concreto del primer capítulo (ALERTA SPOILER). Nada más ser desahuciado de su piso, acaba en una parada del bus y allí se encuentra con una chica que le da un cigarro. Mantienen una conversación sobre los bienes materiales, la hipocresía del mundo actual y si bien parece que pueda ser superficial, resulta bastante profunda. Como él no tiene otra forma para agradecérselo, le regala una canción. Le da los cascos y empieza a sonar Something on Your Mind de Karen Dalton. Se produce una auricularización que te mete dentro de la piel de la chica. Un completo extraño le acaba de hacer el mejor regalo de su vida. Ella acaba llorando y tú, con la piel erizada. Para mi, esta es una escena que me va a perseguir siempre.


La luz contra la pantalla

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