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Xavier Dolan, el niño prodigio



El actor-director canadiense comenzó su relación con el séptimo arte de la mano de la actuación a la temprana edad de cuatro años. Tras pasar por varios anuncios publicitarios para farmacias y algunos cortometrajes, le llegaría un pequeño papel en la polémica película Martyrs (2008) de Pascal Laugier.


En 2009, Xavier dirigiría su primera película, Yo maté a mi madre (J'ai tué ma mère, 2009), film que escribió con tan solo 16 años basándose en acontecimientos de su propia vida. Protagonizada por el mismo Dolan, la película explora los desencuentros y puntos ciegos que una mala relación maternofilial puede generar y sobre cómo muchas veces somos abordados por la idea errónea con la que alguien nos percibe. Habla sobre la identidad y sobre aquello a lo que a una temprana edad la define.


Estaba claro desde un comienzo que el cine de Dolan iba ser personal y transparente, un ejercicio de autodescubrimiento. El director deja siempre algo de sí en sus cintas. Habla sobre sus demonios y sus aciertos, los cuales busca por momentos materializar en postales del inconsciente. Su búsqueda mayormente tiene que ver con cuestiones existenciales, en donde el núcleo de su introspección depende de la aceptación de los otros. Esto sucede constantemente en la vida de sus personajes, quieren pertenecer a algo, a alguien o simplemente a ellos mismos.


Gran parte de su talento está dado en la dirección de actores, tal vez debido a su propia formación. Él explica que no escribe guiones que luego busca realizar, sino que escribe películas para sus actores, pensando en ellos. Ha dejado claro que tenemos que hablar sobre uno mismo, de lo que conocemos y lo que somos. Esto en cierta forma debería resultar más simple. Sin embargo, escribir sobre uno mismo significa exponerse, y en cierta forma Dolan permite ver múltiples facetas propias, sobre todo siendo él quien interpreta a muchos de sus personajes. Yo maté a mi madre es una película que le resulta un poco incómoda de tan autobiográfica que es.



El tema de la sexualidad también es un punto importante en el cine de Dolan, aunque siempre deja en claro que sus películas en realidad tratan sobre el amor, más allá del género. También puede observarse que en sus films los personajes femeninos adquieren mucha fuerza. En una entrevista, el propio Dolan citó: “Me conecto con ellas más que con los hombres, que nacen privilegiados en cierta escala, mientras que las mujeres deben definirse ante los ojos de los hombres, deben luchar por sus derechos, especialmente en una sociedad que hace como que no hay tal lucha, que dice que las feministas son reaccionarias.”


Pero Xavier no solo escribe, dirige y actúa en sus películas, sino que también se involucra en otros aspectos como el montaje y el vestuario. Obsesionado con la moda, él mismo elige los vestuarios de sus actores a la hora de rodar. También experimenta con los formatos como en Mommy (2014), en donde nos encontramos con un “extraño” formato 1:1 (formato cuadrado), que en un principio puede resultar un capricho del director pero que al avanzar la trama descubrimos que es un recurso narrativo y que posee una estricta relación con la historia que narra. En Los amores imaginarios (Les amours imaginaires, 2010), una de sus películas más conocidas, en donde una pareja de amigos se enamoran del mismo chico, la cinta es encarada de una manera más estética haciendo uso de clips musicales en cámara lenta, como suele hacer Wong Kar-Wai, y nos remite además a una versión más pop-art de Jules et Jim (François Truffaut, 1962).


A punto de cumplir 30 años, Xavier Dolan ya se ha construido un nombre en el mundo del cine: ganador de varios galardones y director de seis películas, este enfant terrible está a punto de estrenar The Death and Life of John F. Donovan (2018), su primera película producida en Estados Unidos. Nos queda esperar a ver su nueva obra, dejándonos la inquietud de si podrá mantener su esencia como director o el ser tocado por la gran industria modificará su particular forma de hacer cine.

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